Hoy vamos a tratar un tema que la historia oficial no trata por que rompería con todo lo que creemos sobre el origen de la civilización. Hablaremos de los extraordinarios conocimientos astronómicos que poseían los sumerios. Los sumerios son considerados por la arqueología oficial como la primera y mas antigua de las civilizaciones humanas. Su origen se remonta al 4500 A.C., es decir hace mas de 6500 años y la primera de las ciudades que fundaron se llamó Eridú.

Podemos dar mayor o menor crédito a esta fantástica historia extraterrestre, pero antes de considerarla como simple mito o leyenda, echemos un vistazo al conocimiento astronómico de los sumerios y pensemos en lo extraño que es que una civilización recién salida del paleolítico conociese esta información. El conocimiento que poseían debía de ser heredado de una civilización anterior o por qué no, de extraterrestres.
En primer lugar tenían conocimiento de que el sol (y no la tierra) estaba situado en el centro del sistema solar, y que los planetas orbitaban alrededor del él. Esto además lo reflejan en sus representaciones del sistema solar, donde el sol figura en el centro y todos los planetas están representados por su tamaño relativo. No pintan a la Tierra en el centro. Esta representación se puede observar en el sello cilíndrico VA243, llamado así porque es el elemento número 243 de la colección del Museo Vorderasiatische de Berlin. Inicialmente había detractores sobre el posible conocimiento heliocéntrico de los sumerios pero la descripción que hacen los sumerios de los diferentes planetas es espectacular, tal y como veremos a continuación, por lo que sin lugar a dudas el conocimiento sumerio sobrepasa cualquier posible casualidad.
En el mapa se observan dos diferencias muy significativas con el sistema solar actual y tienen que ver con una historia que ellos mismos cuentan, llamada “Epopeya de la Creación”. En la representación a plutón no se le muestra junto a neptuno sino entre Saturno y Urano y los textos sumerios indican que plutón fue un satélite de saturno que se soltó y llegó a alcanzar su propio destino en su orbita independiente. También aparece la luna representada .Consideraban que también estuvo a punto de alcanzar su propia orbita pero al final no pudo ser como veremos en la “Epopeya de la Creación”. Y por último aparece un misterioso planeta “extra” del que también hablaremos: el planeta “Nibiru” (que significa “planeta de cruce”)

Conocían el cinturón de asteroides que se encuentra entre Marte y Júpiter y poseían una teoría sobre su formación compatible con las teorías actuales, descrita en la “Epopeya de la creación”. A este cinturón se referían como el “brazalete repujado” del sol (al Sol lo llamaban “Apsu”)

Describían a Neptuno como un planeta gemelo de Urano en tamaño, color y contenido de agua. Sabían que neptuno era verde azulado, y nosotros lo hemos sabido en 1989, cuando la sonda Voyager 2 paso junto a Neptuno y nos envió imágenes y datos de este planeta, de color aquamarina. Hasta entonces solo podíamos observarlo mediante telescopios como un punto luminoso. Para verlo hace falta un telescopio y por ello no fue hasta 1846 cuando fue descubierto, pero los sumerios por lo visto ya lo conocían. Aparte de su acertado color, los sumerios describen a Neptuno, como un planeta acuoso y con manchas de vegetación cenagosa. En efecto pudimos constatar mediante la sonda Voyager 2 que Neptuno es un planeta azul verdoso con manchas de coloración amarillo verdoso que según NASA sugieren la existencia de profundas lagunas de lodo orgánico y además gracias a las lecturas que hizo el voyager 2 de su temperatura aprendimos que posee un núcleo rocoso sobre el cual flota una capa pastosa de hielo acuoso.
Ambos planetas se pueden considerar gemelos tal como los describían los sumerios, ya que poseen el mismo color, tamaño, y contenido de agua pero además, su ángulo de rotación es casi idéntico y inusualmente extremo respecto del resto de planetas (50 y 58 grados respectivamente). También se parecen en la duración de sus días, ambos de 16 horas. En definitiva, los sumerios acertaron al describirlo como planetas “gemelos”

Los sumerios ya sabían que el sol orbita a la estrella Alcion cada 25920 años
Cuando los historiadores se encontraron con los textos del filósofo griego Hiparco, en los que habla de la presesión de los equinoccios, los expertos se preguntaron como pudo enterarse de algo que requiere de observaciones de un ciclo de 2160 años. Ahora sabemos que su fuente fue sumeria
En sus tablillas, establecen el año cero en nuestro 10928 AC, en la era de Leo, coincidiendo con el supuesto diluvio. y hablan de textos existentes antes del diluvio, por lo que ya en el 11.000 AC nos están diciendo que había escribas, algo sorprendente.
La epopeya de la creación
Uno de los textos más largos, escrito en varias tablas, es el llamado Enuma Elish o “La Epopeya de la Creación” , donde nos cuentan la historia de cómo se formó el sistema solar, cómo era originalmente y como se transformó en lo que hoy conocemos gracias a la interacción con un planeta “intruso” llamado Nibiru.

A este primitivo sistema solar cuentan que llegó un planeta capturado por el sol en una orbita de 3600 años de duración. Un planeta que orbitaba en sentido contrario al resto de planetas. Este extraño planeta es “Nibiru”, al que también llaman “Marduk”. A pesar de poseer una orbita tan alejada del Sol, su atmósfera y el calor interno que genera permite a sus habitantes (los Annunaki) vivir en él.


Una luna de Marduk colisiona con Tiamat, creando el cinturon de asteroides y a nuestra Tierra.

Por otro lado, la “Ley de Bode” que permite calcular como se configuran los sistemas solares estables, establece que debió haber un planeta entre Marte y Júpiter de al menos dos veces el tamaño de la Tierra. Esto se corresponde a la perfección con Tiamat, el planeta del que hablan los antiguos sumerios. La Luna, de la que siempre se ha dicho que posee un enorme y extraordinario tamaño en comparación con la Tierra quedaría bien explicada si la consideramos herencia del gran planeta Tiamat. Hoy en día, tras los datos recabados por las sondas Voyager se acepta que el sistema solar ha debido sufrir una o más colisiones importantes antes de quedar configurado tal como lo conocemos. Por ejemplo, el eje de rotación de Urano está “tumbado”, es decir, no es vertical sino horizontal, por lo que según NASA parece haber sufrido la interacción gravitatoria de un astro en el pasado que le haya dejado en esa posición, tal como describen los textos sumerios. En 2008, un equipo japonés anunció que según sus cálculos, debía existir un planeta no descubierto a una distancia de unas 100 UA. (la unidad astronómica es la distancia media entre la Tierra y el Sol: unos 150 millones de kilómetros) con un tamaño de hasta dos tercios del de la Tierra. Estos cálculos refuerzan la hipótesis de la existencia del planeta Nibiru.
Podemos pensar que los sumerios acertaron por casualidad en todas sus medidas de los ciclos de tiempos, en la existencia de planetas que no podían ver por que no tenían telescopios y también podemos imaginar que su epopeya de la creación es simplemente una historia sin sentido que causalmente encaja a la perfección con las teorías astronómicas actuales sobre la formación del sistema solar. Eso es lo que nos pide que hagamos la historia y arqueología actual, aunque sinceramente, hay que tener muchísima fe para creer en la historia oficial. Cuesta menos pensar que los sumerios poseían un conocimiento “heredado” de alguien.