Un simple cuento... Josef Zimmer se sentó en su mecedora a descansar luego de un arduo día de trabajo. Estuvo cortando las ramas del árbol aquel que rasguñaba el techo de su casa. El viejo húngaro se daba a la tarea de tomarse un café al terminar de trabajar, haberse bañado y puesto su agua de “vetiver”; porque como solía decir: - "Hay que bañarse vale! porque si no pusa" - Josef era alto, de unos 1,85 metros, piel blanca igual que su pelo, y usaba unos lentes prescritos con un aumento que harían pensar en un topo ciego. Sobreviviente de la II Guerra, llegó a Venezuela a mediados del siglo XX y pasaba sus últimos años dando posada a estudiantes de toda Venezuela que llegaban a la isla de Margarita a cumplir sus sueños. Decía que Josef, o Joska, como cariñosamente le llamaban sus amigos, se sentó a descansar en su mecedora tomando café. Mientras se mecía suavemente cavilando y pensando en su vieja Budapest, se sentó a su lado una chica guayanesa, qu...