El indio Pedro de Leyva (1638) avanzó a tropezones y cayó moribundo sobre la orilla de un estanque en medio de los andes peruanos. La leyenda dice que lo devoraba la malaria. Empapado en sudor, se acercó al agua, apartó las hojas y ramas que habían caído en el remanso y tomó algunos sorbos amargos. Y entonces, la fiebre cedió. Al enfermo lo había salvado la mezcla milagrosa de agua con las cortezas de aquel árbol insólito que crecía rodeando el estanque. Era "La Quina", cuya corteza (cinchona officinalis) posee diversos alcaloides naturales, entre los que destaca la quinina, que tiene propiedades antipiréticas (disminuye la fiebre), antipalúdicas y analgésicas, por lo que fue utilizada desde tiempos prehispánicos para tratar eficazmente enfermedades como la malaria, Sin embargo, la historia nos cuenta que no muchos corrieron con la misma suerte, y nos revela que un 22 de Febrero de 1756, quien fuera, El más productivo discípulo de Linneo, autor del sistema de clasificación d...