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31 de agosto de 2009

EL MILAGRO DEL AMAZONA: ELLA NO ESTABA MUERTA, LUCHABA POR SU VIDA




El 1 de Septiembre de 1981, desaparece una avioneta Cessna en Puerto Ayacucho con tres ocupantes entre los cuales se hallaba la doctora Raiza Ruiz. Los viajeros quedaron vivos después de estrellarse la aeronave pero dos de ellos murieron en la selva antes de ser rescatados.La doctora Ruiz superando ocho días de penalidades, acosada por fieras y serpientes, logra sobrevivir. Al ser encontrados los restos de dos de pasajeros se supuso que los de ella estaban entre los hallados. En Caracas, al recibir los restos, los familiares de la doctora Ruiz dispuso las honras fúnebres y, en medio del funeral, Raiza Ruiz se hizo presente. Vive aun esta valerosa y diminuta mujer venezolana que es paradigma del deseo de vivir.

Parece un contrasentido, pero al cumplir mas de un cuarto de siglo de su muerte, Raiza Ruiz está hoy más viva que nunca. Para quienes no la recuerdan, ella fue enterrada tras un accidente aéreo; posteriormente apareció en el Amazonas, intacta, apenas con lesiones menores.

En su féretro había huesos de animales.

El caso conmovió al país, no sólo por la irresponsabilidad de quienes levantaron el siniestro, anatomopatólogos y autoridades en general, sino porque su regreso a la vida "legal" fue una batalla de años.

rescate de raiza ruiz



restos falsos de raiza ruiz

raiza ruiz y romulo ordoñez

raiza ruiz rescatada

28 de agosto de 2009

Los Supuestos Hijos de Bolívar




Ríos de tinta se han escrito sobre la supuesta paternidad de Simón Bolívar de varios niños, mucho se ha especulado sobre que Eugenio; el hijo de Fanny Du Villard, que Flora Tristan, que José Costas eran hijos del Libertador. Que el héroe nunca los reconoció o que nunca se ocupo de ellos, estos supuestos hijos son de amores ilícitos con mujeres casadas a las cuales nuestro famoso paladín era muy fanático.

La figura de Bolívar ha sido inmortalizada, elevándolo a casi la categoría de un Dios pero debemos reconocer que fue un hombre de carne y hueso lleno de virtudes y de defectos como cualquiera de nosotros. Entre sus debilidades están las integrantes del bello sexo. Y si Simón amo a muchas ¿Por qué no pudo tener hijos en ninguna de ellas?

Se dice que Bolívar en su segundo viaje a Europa estableció amores con su prima lejana Fanny Du Villard, hermosa mujer casada con un militar de la administración de Napoleón Bonaparte, ella tuvo un hijo llamado Eugenio, el cual no se le reconoce la paternidad al Coronel Du Villard por ser un hombre muy mayor. 

Al pasar el tiempo y ser Simón Bolívar Libertador Presidente y emancipador de cuatro países recibió una carta de Fannny en donde le pedía que se encargara de su hijo Eugenio ya que en ese tiempo la hermosa mujer había caído en desgracia con el régimen francés. 

Otro de los llamados hijos de Bolívar se encuentra José Costa, hijo de Maria Joaquina Costa. Mujer que conoció el héroe en Potosí, ella al saber que El Libertador iba a ser asesinado esa noche se lo advirtió y el Don Juan caraqueño no tardo en refugiarse en los brazos de la hermosa mujer. Se dice que de ella tuvo un hijo y eso lo reza una partida de matrimonio del supuesto hijo de Bolívar: 

"… yo el infrascrito Párroco Dr. David Padilla de este beneficio de Caiza casé y velé infacie Eclesie a José Costas hijo natural de la señora finada María Costas y del finado señor Simón Bolívar, con la señora Pastora Argadoña soltera, mayor de edad hija natural de los finados Jetrudis Ortuño y don Camilo Argadoña, españoles. (Firmado, David Padilla)". 

El incansable Bolívar tuvo una hija; según la leyenda, con Teresa Laisnay, que es la famosa revolucionaria Flora Tristán. A esta mujer la conoció el infatigable viajero en su primer viaje a Europa, estaba casada con Don Mariano de Tristán, hombre que le llevaba 32 años. 

Hasta el historiador Arturo Uslar Pietri reconoce la posible paternidad del caraqueño en la famosa mujer: "Teresa Lisnay dará a luz una niña y sería tentador pensar que fue hija de Bolívar"

Bolívar le comentaba a Perú de la Croix, escritor del Diario de Bucaramanga: "Creen que soy estéril, pero tengo pruebas de lo contrario"

Después de este comentario ¿porque dudar de que Bolívar podría tener hijos? 

En esos tiempos los hijos tenidos fuera del matrimonio no eran reconocidos ni mencionados ya que era escandaloso, pero no por esto los hombres de la epoca evitaban tenerlos. Así que si no es nombrado ninguno con el apellido Bolívar ya sabemos el porque.

La historia tiene también sus historias y hay que recordar que por lo mas humano que fue Bolívar no se le debe dejar de reconocer su genialidad y gran personalidad.




27 de agosto de 2009

Autopsia y Entierro de Bolívar


Pasado el estupor y el dolor por la muerte de Bolívar, el doctor Próspero Reverend dispuso practicar la necesaria autopsia para investigar las causas de su deceso, y minuciosamente dejó para la historia una relación de esta actividad: "El 17 de diciembre de 1830, a la una de la tarde, en presencia de los señores generales beneméritos Mariano Montilla y José Laurencio Silva, habiéndole hecho la inspección del cadáver en una de las salas de la habitación de San Pedro, en donde falleció su excelencia el general Bolívar, ofreció los caracteres siguientes: 

1. Habitual (estado) del cuerpo:

Cadáver a los dos tercios de marasmo (relajamiento de los músculos), descolorimiento universal, tumefacción en la región del sacro (parte del extremo inferior de la columna vertebral), músculos muy poco descoloridos, consistencia natural. 

2. Cabeza:

Los vasos de la aracnoides (membrana media de las tres que envuelven el cerebro) en su mitad posterior ligeramente inyectados, las desigualdades y circunvoluciones del cerebro recubiertas por una materia pardusca, de consistencia y transparencia gelatinosa, un poco de serosidad semirroja bajo la duramáter (membrana exterior del cerebro y de la médula espinal): el resto del cerebro y del cerebelo no ofrecieron en su sustancia ningún signo patológico. 

3. Pecho:

De los dos lados superior y posterior estaban adheridas las pleuras costales por producciones semimembranosas: endurecimiento de los dos tercios superiores de cada pulmón; el derecho, casi desorganizado, presentó un manantial abierto de color de las heces del vino, jaspeado de algunos tubérculos de diferentes tamaños, no muy blandos; el izquierdo, aunque menos desorganizado, ofreció la misma afección tuberculosa, y dividiendo con el escalpelo se descubrió una concreción calcárea irregularmente angulosa del tamaño de una pequeña avellana. (Este nódulo de calcificación lo conservó Reverend y lo donó a Venezuela en 1874). Abierto el resto de los pulmones con el instrumento, derramó un moco parduzco que por la presión se hizo espumoso. El corazón no ofreció nada de particular, aunque bañado en un líquido ligeramente verdoso, contenido en el pericardio (tejido membranoso que envuelve el corazón). 

4. Abdomen:

El estómago, dilatado por un licor amarillento de que estaban fuertemente impregnadas sus paredes, no presentó, sin embargo, ninguna lesión ni flogosis (inflamación). Los intestinos delgados estaban ligeramente meteorizados. La vejiga enteramente vacía y pegada bajo el pubis, no ofreció ningún carácter patológico. El hígado, de un volumen considerable, estaba un poco escoriado en su superficie convexa. La vejiga de la hiel muy extendida. Las glándulas mesentéricas (referente a un pliegue del peritoneo) obstruidas. El bazo y los riñones en buen estado. Las vísceras del abdomen en general no sufrían lesiones graves.


Conclusión de Reverend:

Según este examen, es fácil reconocer que la enfermedad de que ha muerto su excelencia el Libertador era en su principio un catarro pulmonar, que, habiendo sido descuidado, pasó el estado crónico y consecutivamente degeneró en tisis tuberculosa. Fue, pues, esta afección morbífica (que lleva el germen de la enfermedad) la que condujo al sepulcro al general Bolívar, pues, no deben considerarse sino como causas secundarias las diferentes complicaciones que sobrevivieron en los últimos días de su enfermedad, tales como la aracnoides y la neurosis de la digestión, cuyo signo principal era un hipo casi continuo. ¿Y quien no sabe, por otra parte, que casi siempre se encuentra alguna irritación extraña al pecho en la tisis, con degeneración del parenquina (tejido celular esponjoso) pulmonar? Si se atiende a la rapidez de la enfermedad en su marcha y a los signos patológicos observados sobre el órgano de la respiración, naturalmente es de creerse que causas particulares influyeron en los progresos de esta afección. No hay duda que agentes físicos ocasionaron primitivamente el catarro del pulmón, tanto más cuanto que la constitución individual favorecía el desarrollo de esta enfermedad, que la falta de cuidado hizo más grave. Que el viaje por mar, que emprendió el Libertador con el fin de mejorar su salud, le condujo, al contrario, a un estado de consunción (enflaquecimiento) deplorable. 

También contribuyó la ingratitud, Pero también debe confesarse que afecciones morales vivas y punzantes, como debían ser las que afligían continuamente el alma del general, contribuyeron poderosamente a imprimir en la enfermedad un carácter de rapidez en su desarrollo y de gravedad en las complicaciones, que hicieron infructuosos los socorros del arte. Debe observarse a favor de esta aserción que el Libertador, cuando el mal estaba en sus principios, se mostró muy indiferente a su estado y se denegó a admitir los cuidados de un médico. Su excelencia mismo lo ha confesado: era cabalmente en el tiempo en que sus enemigos le hartaban de disgustos y en que estaba más expuesto a los ultrajes de aquellos que sus beneficios habían hecho ingratos. Cuando su excelencia llegó a Santa Marta, bajo auspicios mucho más favorables, con la esperanza de un porvenir más dichoso para la patria, de quien veía brillantes defensores entre los que le rodeaban, la naturaleza conservadora retornó sus derechos; entonces pidió con ansia los socorros de la medicina. Pero ¡ah! ya no era tiempo. El sepulcro estaba abierto aguardando la ilustre víctima, y hubiera sido necesario hacer un milagro para impedirle descender a él". 

Embalsamamiento del cadáver:

Y continúa el doctor Reverend: "Acabada la autopsia del cadáver, que fue trasladado sobre la marcha, de la quinta de San Pedro a la casa que primero habitó el general Bolívar en Santa Marta, fue menester proceder a su embalsamamiento. Por desgracia estaba enfermo el único boticario que había en la ciudad. Muy escasas fueron si no faltaron, las preparaciones que se usan en semejante caso, hallándome solo para practicar esa operación. Se me hizo muy laboriosa la tarea, máxime cuando se me había limitado un corto tiempo y que este trabajo se hacía de noche. Así es que no concluyó sino cuando era ya de día". 


La camisa prestada:

"Yo iba a retirarme para descansar de tantas fatigas y desvelos, cuando el señor Manuel Ujueta, a la sazón jefe político, me hizo presente que nadie en la casa era capaz para vestir el cadáver, y a fuerza de empeños me comprometió a desempeñar esta última y triste función. Entre las diferentes piezas del vestido que trajeron se me presentó una camisa que yo iba a poner cuando advertí que estaba rota. No pude contener mi despecho, y tirando la camisa, exclamé: 'Bolívar, aun cadáver, no viste ropa rasgada. Si no hay otra, voy a mandar por una de las mías'. Entonces fue cuando me trajeron una camisa del general Laurencio Silva, que vivía en la misma casa". 

El hombre más grande de América fue enterrado en silencio a las cinco en punto de la tarde del 20 de diciembre de 1830, hace exactamente 171 años, fue enterrado al pie del altar mayor, en la nave derecha de la Catedral de Santa Marta, República de Colombia, el Libertador Simón Bolívar. El protocolo reservado a su alta investidura no pudo cumplirse por lo modesto de la guarnición de Santa Marta, acompañan el féretro muy pocos oficiales, los fieles de siempre, y pocas personalidades civiles. El silencio acompañó el desfile hasta la Catedral, por las angostas calles flanqueadas de pueblo, ya que no había banda marcial, y los pocos músicos de la Banda del Batallón Pichincha lo esperaban en la Catedral para ofrendarle su devoción interpretando la obra compuesta por Francisco de Sieyes especialmente para la ocasión. El silencio del desfile apenas se rompía con el piafar de los caballos y el ruido que causaba el roce de las espadas. Las campanadas de la Iglesia advertían que se acercaba a su tumba, al sepulcro al cual bajó pidiéndonos unidad y paz, el general en jefe Simón Bolívar, Libertador y creador de seis nacionalidades libres. 

¿Quién era Próspero Reverend? ¿Qué universidad lo doctoró? ¿Qué edad tenía para esa fecha?:

La conografía oficial nos presenta a Reverend como un anciano de aspecto sabio, de poblada y larga barba blanca, vestido de levita y chistera. Pero la realidad es que Reverend era un joven de treinta y cuatro años cuando conoció al Libertador, había nacido en Failaise, una aldea de Calvados, en Normandía, el 14 de noviembre de 1796. A los dieciséis años, en 1814, se enroló como húsar en el ejército de Napoleón y participó en la batalla de Loira y tras su fracaso trabajó como tipógrafo. En 1820 llega a París, y allí se pierde su rastro. En ninguna universidad europea, ni francesa en particular, existe constancia ni siquiera de su inscripción en algún curso de medicina. Tampoco existe evidencia oficial de su relación con las escuelas de Salud creadas por la revolución francesa para paliar la crisis hospitalaria de la época. Su contacto con la medicina debió ocurrir durante su estadía en el ejército napoleónico, quizá como ayudante del médico de campaña, curando heridos, pero de esto tampoco existe evidencia. Lo cierto es que poseía conocimientos de medicina cuando llega a Santa Marta el 24 de julio de 1824. A los pocos meses solicitó el puesto de médico de la ciudad, cargo que se le otorgó con la exigencia de su previo ingreso a la Facultad de Medicina Nacional, lo que hizo en 1825, al presentar exámenes en la Universidad de Cartagena ante un jurado compuesto por los doctores Dionisio Araujo, Juan Manuel Vega e Ignacio Carreño. El general Mariano Montilla lo utilizó provisionalmente, en 1830, como cirujano mayor del Ejército en ocasión de la revuelta de Río Hacha, pero el despacho correspondiente se extravió, por lo que ni el Gobierno venezolano ni el colombiano, a pesar de sus muchas diligencias hechas en 1846, le reconoció este título.

17 de agosto de 2009

Matea Bolivar; Recibio al Libertador a sus 103 años




Aya de Simón Bolívar. Más que aya, en el correcto y tradicional sentido de este oficio, debe haber tenido funciones de complementación en estos quehaceres, los cuales, sabemos por el propio Bolívar, fueron cumplidos por otra esclava, Hipólita, a quien el Libertador profesaba gran afecto.

Durante muchos años vivió en «San Mateo», la hacienda de los Bolívar. Según relato suyo, presenció allí el ataque de José Tomás Boves y el sacrificio del capitán Antonio Ricaurte el 25 de marzo de 1814. 

Después de 1821, habitó en la casa de María Antonia Bolívar. Su longevidad causaba asombro; en la Caracas de su época llegó a ser una reliquia de los antiguos tiempos.

El día del traslado de los restos del Libertador al Panteón Nacional (28.10.1876) entró en el recinto del brazo del presidente de la República, general Antonio Guzmán Blanco. 

Sus restos reposan en la cripta de los Bolívar, en la capilla de la Santísima Trinidad, en la catedral de Caracas.

12 de agosto de 2009

Fernando Bolívar (El Sobrino Querido del Libertador)


Caracas, 1810
Caracas, 27.10.1898

Sobrino de Simón Bolívar, hijo natural reconocido de Juan Vicente Bolívar Palacios y de Josefa María Tinoco.

Su nombre completo era Fernando Simón Bolívar Tinoco. Su tío le tuvo siempre especial cariño, siendo su educación una de sus constantes preocupaciones; en 1822, lo envió a estudiar a los Estados Unidos de Norteamérica; tenía entonces Fernando 12 años y fue el general Carlos Soublette, a petición del Libertador, el encargado de arreglar lo relativo al viaje. Fue probablemente en esta oportunidad, cuando Simón Bolívar dictó el Método que se debe seguir en la educación de mi sobrino Fernando Bolívar para orientar a sus maestros.

Asistió primero al colegio de Germantown de Filadelfia y luego a la Universidad de Jefferson en Charlottesville, Virginia. En 1812, Bolívar había dictado en Caracas una declaración, que luego formalizó en Lima el 13 de diciembre de 1824, como dice «...Para después de sus días...», a favor de sus sobrinos Juan, Fernando y Felicia, garantizándoles la posesión de los bienes que fueron del padre de éstos; el 23 de junio de 1827, en Caracas ratifica su voluntad sobre este particular y hace donación graciosa del trapiche de Chirgua y de la Cuadra Bolívar a ellos y a su madre.

Fernando Bolívar regresó a Venezuela en 1828 y después de una corta permanencia en Caracas, se reúne con su tío en Bogotá (julio-agosto 1828) y desde entonces hasta su muerte lo acompaña y le sirve como edecán, secretario privado, confidente y correo de confianza. Dominaba el inglés; esta formación bilingüe le hacía a veces cometer errores en sus escritos. Estuvo presente en Bogotá el 25 de septiembre de 1828, cuando el atentado contra la vida del Libertador en el palacio de San Carlos y en el trance supremo de la agonía y muerte en San Pedro Alejandrino en 1830.

Algún tiempo después regresó a Venezuela, donde vivían su madre y sus 2 hermanos, Juan y Felicia. El 24 de agosto de 1833, cuando se procedió en Caracas a la partición de los bienes del Libertador entre sus herederos, Fernando estuvo representado por su madre, pues aún no había alcanzado la mayoría de edad, que entonces era a los 25 años. En junio de 1834 realizó un viaje a Europa, donde permaneció varios años y perfeccionó su conocimiento del francés. A comienzos de la década de 1840 se hallaba de nuevo en Venezuela y vivía en la hacienda de Chirgua, cerca de Valencia, que le había correspondido en herencia por decisión del Libertador.

Cuando se preparaba el traslado a Caracas de los restos de Bolívar, solicitó ante el gobierno de José Antonio Páez (3.9.1842), el honor de formar parte de la Comisión que debía repatriarlos, lo cual le fue negado alegando falta de cupo en el buque designado, la goleta de guerra Constitución. Cuando se instaló en 1843 en Valencia la «Sociedad Boliviana», actuó como su secretario. En 1850 hizo imprimir en la misma ciudad de Valencia un folleto titulado Cuestión política y filantrópica, en la cual abogaba por la abolición de la esclavitud.

En 1855, hallándose en Caracas, le escribió una carta al general Tomás Cipriano de Mosquera, quien dirigía los destinos de la Nueva Granada (hoy Colombia), incitándole a encabezar un movimiento de opinión en fin de reconstituir la antigua República de Colombia, la Gran Colombia, que se había disuelto al morir el Libertador en 1830; decía en su carta: «...no ha muerto, sino vive en la historia, en el corazón de muchos y representada por sus hijos...». Al estallar en 1859 la Guerra Federal, manifestó sus simpatías hacia los revolucionarios.

Más tarde viajó extensamente por el Viejo Mundo y residió durante varios años en Barcelona (España) y en París; en esta última ciudad publicó en 1868 con el seudónimo «Rivolba» (anagrama de su apellido) las Cartas de un americano, en una de las cuales se mostró un decidido defensor de los derechos de la mujer a la educación, inclusive la universitaria; publicó también en 1870, por primera vez, una parte del Diario de Bucaramanga (redactado por Luis Perú de Lacroix), poniéndole el título de Efemérides colombianas; en 1873, en la misma ciudad, publicó su obra Recuerdos y reminiscencias del primer tercio de la vida de Rivolba, páginas autobiográficas dedicadas a sus hijos y sobrinos en las cuales relata sucesos de los primeros 20 años de su vida, es decir, hasta 1830, cuando falleció el Libertador y Fernando quedó, como él mismo lo dice, «...huérfano [de padre] por segunda vez...».

Poco se sabe de los últimos lustros de su vida, salvo que regresó a Venezuela y en 1895 otorgó testamento en el cual constaba que tenía 3 hijos: Benjamín Bolívar Gauthier, Santiago Hernández Bolívar y Claudio Bolívar Taraja.

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