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1 de mayo de 2023

EL SACRIFICIO DE CAMILO QUE SALVO EL ALGEBRA EN LATINOAMERICA


Ningún régimen ni poder que disgrega a las familias y las aleja de su país puede ser bueno para nadie... quizás podemos abrir caminos nuevos de éxitos pero la tristeza del alma no tiene precio... el que es exitoso por esfuerzo propio será exitoso en cualquier lugar del planeta, el que sólo espera a que le den para tener no triunfara jamás en ningún área por que sencillamente no se respeta a si mismo... viva la vida y que maravilloso es disfrutar cada cosa que conseguimos por ¡esfuerzo personal!


En 1959, el régimen de Fidel Castro buscó arrestar a nuestro personaje del Post, el célebre autor del libro de Algebra de Baldor, aunque Camilo Cienfuegos, tercero al mando tras Fidel y el Che Guevara impidió su arresto debido a que era su admirador. Después de la muerte de Cienfuegos, Aurelio vendió los derechos de sus libros a la editorial mexicana Publicaciones Culturales. El dinero lo utilizó para huir de la isla. Los libros, con los cuales el autor curiosamente no se hizo rico, fueron publicados en la capital cubana en 1941 como material del prestigioso Colegio Academia Baldor, practicamente abandonado hoy en día. 

Sin embargo como la voluntad de Dios nadie la contradice, la intervención de Camilo Cienfuegos salvo a Baldor no solo de la muerte moral si no física y que nunca pensó que sus textos desde la primera impresión que se produjo el 19 de junio de 1941, se convirtiera en el libro más consultado en escuelas y colegios de Latinoamérica. El Álgebra de Baldor tiene 5.790 ejercicios en total, que equivalen a 19 ejercicios en cada prueba en promedio.



Conozca mas de la Historia de Baldor.


Aurelio Baldor, el autor del libro que más terror despierta en los estudiantes de bachillerato de toda Latinoamérica, no nació en Bagdad. Nació en La Habana, Cuba, y su problema más difícil no fue una operación matemática, sino la revolución de Fidel Castro. Esa fue la única ecuación inconclusa del creador del Álgebra de Baldor, un apacible abogado y matemático que se encerraba durante largas jornadas en su habitación, armado sólo de lápiz y papel para escribir un texto que desde 1941 aterroriza y apasiona a millones de estudiantes de toda Latinoamérica. 

El Álgebra de Baldor, aun más que El Quijote de la Mancha, es el libro más consultado en los colegios y escuelas desde Tijuana hasta la Patagonia. Tenebroso para algunos,misterioso para otros y definitivamente indescifrable para los adolescentes que intentan resolver sus "misceláneas" a altas horas de la madrugada, es un texto que permanece en la cabeza de tres generaciones que ignoran que su autor, Aurelio Ángel Baldor, no es el terrible hombre árabe que observa con desdén calculado a sus alumnos amedrentados, sino el hijo menor de Gertrudis y Daniel, nacido el 22 de octubre de 1906 en La Habana, y portador de un apellido que significa "valle de oro" y que viajó desde Bélgica hasta Cuba. 

Daniel Baldor Reside en Miami y es el tercero de los siete hijos del célebre matemático.Inversionista, consultor y hombre de finanzas, Daniel vivió junto a sus padres, sus seis hermanos y la abnegada nana negra que los acompañó durante más de cincuenta años, el drama que se ensañó con la familia en los días de la revolución de Fidel Castro. 

Aurelio Baldor era el educador más importante de la isla cubana durante los años cuarenta y cincuenta. Era fundador y director del Colegio Baldor, una institución que tenía 3.500 alumnos y 32 buses en la calle 23 y 4, en la exclusiva zona residencial del Vedado. Un hombre tranquilo y enorme, enamorado de la enseñanza y de mi madre, quien hoy lo sobrevive, y que pasaba el día ideando acertijos matemáticos y juegos con "números", recuerda Daniel, y evoca a su Padre caminando con sus 100 kilos de peso y su proverbial altura de un metro con noventa y cinco centímetros por los corredores del colegio, siempre con un cigarrillo en la boca, recitando frases de Martí y con su álgebra bajo el brazo, que para entonces, en lugar del retrato del sabio árabe intimidante, lucía una sobria carátula roja. 

Los Baldor vivían en las playas de Tarará en una casa grande y lujosa donde las puestas de sol se despedían con un color distinto cada tarde y donde el profesor dedicaba sus tardes a leer, a crear nuevos ejercicios matemáticos y a fumar, la única pasión que lo distraía por instantes de los números y las ecuaciones. La casa aún existe y la administra el Estado cubano. Hoy hace parte de una villa turística para extranjeros que pagan cerca de dos mil dólares para pasar una semana de verano en las mismas calles en las que Baldor se cruzaba con el "Che" Guevara, quien vivía a pocas casas de la suya, en el mismo barrio. 

"Mi padre era un hombre devoto de Dios, de la patria y de su familia", afirma Daniel. "Cada día rezábamos el rosario y todos los domingos, sin falta, íbamos a misa de seis, una costumbre que no se perdió ni siquiera después del exilio". Eran los días de riqueza y filantropía, días en que los Baldor ocupaban una posición privilegiada en la escalera social de la isla y que se esmeraban en distribuir justicia social por medio de becas en el colegio y ayuda económica para los enfermos de cáncer. 

El 2 de enero de 1959 los hombres de barba que luchaban contra Fulgencio Batista se tomaron La Habana. No pasaron muchas semanas antes de que Fidel Castro fuera personalmente al Colegio Baldor y le ofreciera la revolución al director del colegio. "Fidel fue a decirle a mi padre que la revolución estaba con la educación y que le agradecía su valiosa labor de maestro..., pero ya estaba planeando otra cosa", recuerda Daniel. Los planes tendría que ejecutarlos Raúl Castro, hermano del líder del nuevo gobierno, y una calurosa tarde de septiembre envió a un piquete de revolucionarios hasta la casa del profesor con la orden de detenerlo. Sólo una contraorden de Camilo Cienfuegos, quien defendía con devoción de alumno el trabajo de Aurelio Baldor, lo salvó de ir a prisión.


Pero apenas un mes después la familia Baldor se quedó sin protección, pues Cienfuegos, en un vuelo entre Camagüey y La Habana, desapareció en medio de un mar furioso que se lo tragó para siempre. "Nos vamos de vacaciones para México, nos dijo mi papá. Nos reunió a todos, y como si se tratara de una clase de geometría nos explicó con precisión milimétrica cómo teníamos que prepararnos. Era el 19 de julio de 1960 y él estaba más sombrío que de costumbre. Mi padre era un hombre que no dejaba traslucir sus emociones, muy analítico, de una fachada estricta, durísima, pero ese día algo misterioso en su mirada nos decía que las cosas no andaban bien y que el viaje no era de recreo", dice el hijo de Baldor.

Un vuelo de Mexicana de Aviación los dejó en la capital azteca. La respiración de Aurelio Baldor estaba agitada, intranquila, como si el aire mexicano le advirtiera que jamás regresaría a su isla y que moriría lejos, en el exilio. El profesor, además del dolor del destierro, cargaba con otro temor. Era infalible en matemáticas y jamás se equivocaba en las cuentas, así que si calculaba bien, el dinero que llevaba le alcanzaría apenas para algunos meses. Partía acompañado de una pobreza monacal que ya sus libros no podrían resolver, pues doce años atrás había vendido los derechos de su álgebra y su aritmética a Publicaciones Culturales, una editorial mexicana, y había invertido el dinero en su escuela y su país. 

La lucha empezaba. Los Baldor, incluida la nana, se estacionaron con paciencia durante 14 días en México y después se trasladaron hasta Nueva Orleáns, en Estados Unidos, donde se encontraron con el fantasma vivo de la segregación racial. Aurelio, su mujer y sus hijos eran de color blanco y no tenían problemas, pero Magdalena, la nana, una soberbia mulata cubana, tenía que separarse de ellos si subían a un bus o llegaban a un lugar público. Aurelio Baldor, heredero de los ideales libertarios de José Martí, no soportó el trato y decidió llevarse a la familia hasta Nueva York, donde consiguió alojamiento en el segundo piso de la propiedad de un italiano en Brooklyn, un vecindario formado por inmigrantes puertorriqueños, italianos, judíos y por toda la melancolía de la pobreza. El profesor, hombre friolento por naturaleza, sufrió aun más por la falta de agua caliente en su nueva vivienda, que por el desolador panorama que percibía desde la única ventana del segundo piso. 

La aristocrática familia que invitaba a cenar a ministros y grandes intelectuales de toda América a su hermosa casa de las playas de Tarará, estaba condenada a vivir en el exilio, hacinada en medio del olvido y la sordidez de Brooklyn, mientras que la junta revolucionaria declaraba la nacionalización del Colegio Baldor y la expropiación de la casa del director, que sirvió durante años como escuela revolucionaria para formar a los célebres "pioneros". La suerte del colegio fue distinta. Hoy se llama Colegio Español y en él estudian 500 estudiantes pertenecientes a la Unión Europea. Ningún niño nacido en Cuba puede pisar la escuela que Baldor había construido para sus compatriotas. 

Lejos de la patria Aurelio Baldor trató en vano de recuperar su vida. Fue a clases de inglés junto a sus hijos a la Universidad de Nueva York y al poco tiempo ya dictaba una cátedra en Saint Peters College, en Nueva Jersey. Se esforzó para terminar la educación de sus hijos y cada uno encontró la profesión con que soñaba: un profesor de literatura, dos ingenieros, un inversionista, dos administradores y una secretaria. Ninguno siguió el camino de las matemáticas, aunque todos continuaron aceptando los desafíos mentales y los juegos con que los retaba su padre todos los días. 

Con los años, Baldor se había forjado un importante prestigio intelectual en los Estados Unidos y había dejado atrás las dificultades de la pobreza. Sin embargo, el maestro no pudo ser feliz fuera de Cuba. No lo fue en Nueva York como profesor, ni en Miami donde vivió su retiro acompañado de Moraima, su mujer, quien hoy tiene 89 años y recuerda a su marido como el hombre más valiente de todos cuantos nacieron en el planeta. Baldor jamás recuperó sus fantásticos cien kilos de peso y se encorvó poco a poco como una palmera monumental que no puede soportar el peso del cielo sobre sí. "El exilio le supo a jugo de piña verde. Mi padre se murió con la esperanza de volver", asegura su hijo Daniel. 

El autor del Algebra de Baldor se fumó su último cigarrillo el 2 de abril de 1978. A la mañana siguiente cerró los ojos, murmuró la palabra Cuba por última vez y se durmió para siempre. Pero sus siete hijos, quince nietos y diez biznietos, siempre supieron y sabrán que a Aurelio Baldor lo mataron la nostalgia y el destierro.









30 de abril de 2023

SUICIDIO O EXTERMINIO COLECTIVO; QUE OCULTARON, CONOZCA LA VERDAD.


SI FUE UN SUICIDIO COLECTIVO...POR QUE EL MAS DEL 80% DE LOS "SUICIDAS" TENIAN HERIDAS DE BALAS


Hace 30 años dieron la vuelta al mundo imágenes espantosas de al menos 923 mujeres, hombres y niños muertos en Jonestown, el asentamiento de la secta Templo del Pueblo, en Guyana. Madres con sus hijos en brazos, los hombres abrazados a sus esposas, todos muertos. Casi todos murieron atrozmente, tras haber bebido limonada envenenada con cianuro. A los bebés se les inyectó el líquido venenoso en la boca. Fue uno de los peores casos de suicidio colectivo y masacre en la historia conocida de la humanidad.



"Si no nos dejan vivir en paz, al menos queremos morir en paz", había proclamado con voz lánguida y dolorida el carismático fundador de la secta Templo del Pueblo, Jim Jones, al dirigirse a sus adeptos. "La muerte sólo es el tránsito a otro nivel", les prometió a su gente en un intento de disipar la duda y el miedo ante el fin cercano. Sin embargo, es dudoso que todas las víctimas escogieran voluntariamente la muerte aquel 18 de noviembre de 1978. Varios supervivientes relataron más tarde que alrededor del centro de reuniones del asentamiento agrícola en la selva de Guyana se habían apostado vigilantes armados. Numerosos miembros de la secta tenían heridas de bala.

Lo que al principio parecía ser un suicidio colectivo inducido por un delirio religioso resultó ser más bien, según los supervivientes, una masacre. "Simplemente nos mataron", dice, por ejemplo, Tim Carter, un ex miembro de la secta, en la película "Jonestown", de Stanley Nelson. Por lo menos no hay duda de que los aproximadamente 250 bebés niños y jóvenes muertos fueron asesinados. 

"Esto no es un suicidio, sino un acto revolucionario", juró Jones, que solía ocultar su cara tras unas gafas oscuras, ante sus seguidores. Éstos lo habían seguido desde Estados Unidos hasta la selva del país sudamericano, donde, según la incoherente doctrina de salvación de su líder, se convertiría en realidad el paraíso en la Tierra. Sin embargo, el sueño de una igualdad racial, justicia social y un trato lleno de amor entre la gente acabó en una catástrofe. 

El 17 de noviembre había viajado a Jonestown el congresista estadounidense Leo J. Ryan, acompañado de periodistas y algunos miembros disidentes de la secta. Ryan quería indagar si eran ciertas las noticias cada vez más frecuentes sobre abusos sexuales de miembros de la secta por parte de Jones, las condiciones de vida y laborales insoportables, la privación de libertad y la aplicación de torturas en la aldea modelo. 

En un principio, Jones había intentado impedir la visita, pero al fracasar en su propósito organizó una gran fiesta, e inicialmente el ambiente parecía ser de una gran armonía. "Aquí hay gente que cree que esto (la colonia) es lo mejor que jamás le haya pasado en la vida", afirmó Ryan durante la noche después de sus primeras conversaciones. Los miembros de la secta recibieron sus palabras con aplausos frenéticos.

Sin embargo, en la mañana siguiente, poco antes de que Ryan emprendiera el viaje de regreso, el ambiente cambió de golpe. Primero, algunos pocos y después cada vez más habitantes de Jonestown pidieron abandonar la colonia junto con el político estadounidense. Para Jones, quien desde la década de los 70 estaba cada vez más bajo los efectos de drogas, esto era claramente una traición imperdonable. "No pueden irse, ustedes son mi pueblo", les gritó casi con desesperación a los que querían marcharse. 


Jones, nacido en condiciones extremadamente pobres, cuya madre veía en él un "mesías" y que ya a la edad de 19 años ocupó su primer puesto como predicador, reaccionó de forma brutal. Hombres de su confianza abrieron ese día fuego contra Ryan y sus acompañantes cuando se disponían a abordar un avión. El político, quien previamente había sido atacado por un miembro de la secta armado con un cuchillo, y otras cinco personas fueron asesinados a balazos, algunos de ellos a quemarropa.

continuación, Jones, quien hacía tiempo que había creado una atmósfera de miedo y permanente amenaza externa, empezó a fomentar entre sus adeptos una sensación de fin de mundo. Ahora van a venir los paracaidistas, aseguró. "Ellos van a torturar a nuestros ancianos y a nuestros niños". Rápidamente, y de forma acelerada, Jones y sus acólitos se hundieron en el delirio colectivo. Una mujer que no quería morir le recordó que en el pasado había prometido mudarse a la Unión Soviética en vez de optar por el suicidio. "Sí, en un ratito voy a llamar allí", contestó el líder de la secta, cuyas palabras quedaron grabadas en cintas que más tarde fueron descubiertas entre los muertos. 

Al final, sin embargo, empujó a la gente hacia la muerte. "Apúrense mis niños, apúrense", exclamaba con una voz que temblaba por la emoción, mientras que se repartían las copas de veneno. Con la espuma en la boca los miembros de la secta se desplomaron en el lugar donde casualmente estaban parados o sentados. Uno de los supervivientes dijo más tarde con amargura: “Eso no fue una revolución, no fue un acto de autodeterminación, sino simplemente una pérdida sin ningún sentido”.

21 de marzo de 2023

MARINA MAROTTI, LA VIDENTE QUE PREDIJO EL TERREMOTO DE CARACAS (ENERO 1967)



 ¿Un terremoto destruirá a Caracas? portada de la revista que reseñaba la predicción de una vidente sobre un posible terremoto en la capital, fue en enero del 1967 y en julio del mismo año ocurrió el movimiento de 6.5 a 6.7 grados.






La celebración de los 400 años de Santiago de León de Caracas, se empañó cuando todavía en las Plazas se celebraba su cuatricentenario. La noche del 29 de julio se cumplirán cuarenta y ocho (48) años del terremoto, que ocasionó pérdidas humanas y materiales, tanto en Caracas como en las costas del Litoral. 

Aún en la mente de los venezolanos, del caraqueño, existen recuerdos de ese fatal día. Con este pequeño reportaje elevamos nuestras oraciones por aquellos que fallecieron trágicamente en ese lamentable sábado 29 de julio de 1967. 


" Durante dos días y sus noches, Caracas fue una ciudad con pánico. Desde que el terremoto de grado seis en la escalara de Riether, cuyo máximo es ocho, sacudió la capital y los balnearios de La Guaira, Macuto, Caraballeda, hasta la mañana del lunes, cuando la obligación de ir a trabajar hizo despertar de su pánico a los caraqueños, se advertía en todos los barrios, humildes y elegantes, una sensación de mudo asombro ante una catástrofe que una gran mayoría de hombres y mujeres jóvenes nunca creyeron que pudiese afectarles. Para ellos, los terremotos eran sucesos espantables, que sólo podían ocurrir en Chile, Japón, Turquía y hasta en Colombia. Pero en Caracas, no porque el último se produjo en 1900 y solo las personas de casi setenta años o más lo sabían, los demás nunca supieron lo que era sentir el piso tambalearse bajo los pies y escuchar los rugidos iracundos de la tierra dispuesta a arrasar con todo. Desde el sábado pasado a las ocho y cinco minutos de la noche, ya lo saben, y jamás lo olvidarán. 

No lo olvidarán los familiares de las doscientos y pico de victimas que figuraban hasta el lunes en las listas oficiales del Ministerio del Interior, ni los heridos leves y graves, que sumaban más de dos mil, ni los cientos de familias que perdieron los ahorros de toda sus vidas de trabajo cuando se enteraron que perdieron sus apartamentos en los edificios de propiedad horizontal que estaban pagando. 


En todas las casas se preparaba la cena o estaban a punto de comenzar las pequeñas reuniones sociales de fin de semana. Cinco minutos, después de las ocho, en las quintas se oyó un ruido ronco y amenazador, mientras el suelo y las paredes bailaban. En los edificios de apartamentos, no se escuchó el trueno subterráneo, pero la vibración fue tan fuerte que, cuando no derrumbó pisos y cielos rasos, destrozó cuadros, cristales y cerámicas o llevó de un extremo a otro de las habilitaciones, objetos tan pesados como neveras, tocadiscos y televisores. Los que iban en automóviles creyeron que les chocaban por todos lados y solo comprendieron que temblaba cuando vieron correr despavorida a la gente por las calles. Siguieron minutos de terror colectivo, en que reinó el caos de cornetas tocadas para desahogarse, carreras precipitadas para averiguar el estado de sus seres queridos y saturación de las comunicaciones telefónicas. Las noticias llegaron poco a poco, como rumores primero, penosamente confirmadas.


Fotografía inédita del terremoto de 1900



En la foto está la cúpula de la iglesia de Las Mercedes y Manuel Segundo Sánchez de su puño y letra comenta los daños sufridos por la iglesia en el terremoto que asoló a Caracas en 1900.

Con mucho respeto reproducimos un articulo de http://mariafsigillo.blogspot.com/2010/

19 de junio de 2022

EL DIA EN QUE EL MUNDO "LLORO" A ESTE CABALLO



El 16 de febrero de 1971, se generó una asonada frente a la Universidad Nacional de la ciudad de Bogotá D.C. (Colombia) por lo cual la Policia Nacional dispuso que la "Tercera Estación" enviara un escuadrón de policía montado para contrarrestar los disturbios.

En medio del caos y el desorden frente a la Universidad Nacional, asume el restablecimiento del orden el Escuadrón Montado al mando del entonces Teniente Mazulán Martinez Castaño, con el objeto de dispersar la protesta estudiantil.

En el fragor de la refriega un caballo del escuadrón de nombre "COMEJÉN", sale herido a causa varias puñaladas recibidas en el abdomen ocasionada por los manifestantes y a pesar de ello, este heroico animal saco a su jinete abriéndose paso dentro la multitud furiosa.

Como consecuencia de tal situación, y al ver que caballo y jinete se distanciaban los estudiantes procedieron a arrojaron bolas de cristal al piso y tras ser pisadas por el caballo, éste cae a pocos metros del lugar de los incidente despatarrado y se disloca el pecho siendo incapaz de continuar en pie; "COMEJÉN" cayó postrado a pocos metros de la entrada principal de la Universidad Nacional.

Esta foto de la triste escena con estudiantes dando piedra de fondo le dio la vuelta al mundo.

El teniente Mezulán Martínez, trató de levantarlo pero el animal da muestras de dolor. Por lo tanto Martínez, llorando y en un acto humanitario decidió acabar con el sufrimiento del valiente ejemplar desenfundando su pistola y lo mata de un tiro en la cabeza.



Este hecho marco la historia de los Carabineros de la Policía Nacional de Colombia y por ello en las sala de la Dirección de Carabineros y Seguridad Rural que esta ubicada en el Museo de la Policía Nacional hay un monumento en honor a 'COMEJÉN' .


Monumento al caballo "COMEJÉN"

Pero 'Comején' no es el único caso de un caballo muerto a causa de estas agresiones. El 7 de octubre de 1999, luego de un partido de fútbol, a la salida del estadio El Campin tres caballos fueron atropellados: el conductor de un bus se asustó y acelero en medio de la tensión porque los manifestantes empezaron a lanzarle piedras y ladrillos. Dos de los caballos quedaron debajo del vehículo y murieron inmediatamente, el otro tuvo que ser sacrificado días después por una fractura de pierna que no tenía posibilidad de recuperación.



LEYENDA DEL CABALLO DE NOMBRE "COMEJÉN"
https://historiapolicianacionaldecolombia.blogspot.com

24 de diciembre de 2021

Salga, la vez que ganaron los toros




Vacas y toros fueron dispuestos en línea frente al terreno que ocupaban los españoles y antes de que estos pudieran reaccionar, un estruendo de arcabuces aturdió la isla y el ganado, eufórico, se lanzó barranca abajo, en dirección al mar, atravesando el terreno castellano.


Por Rafael Giménez

La Batalla de Salga fue uno de los eventos militares más particulares de los que se tenga memoria. Pese a que el uso de animales en la guerra es tan antiguo como la guerra misma, pocos son los que conocen, fuera de Portugal, este episodio de las guerras de sucesión lusitana, en el cual los ejércitos de España fueron derrotados por una tropa de toros y de vacas en las playas de una pequeña isla en el medio del Atlántico Norte.

El Supremo Tribunal de Justicia español consideró en una sentencia de enero de 2017 que el toro (y, en particular, la célebre silueta del toro de lidia) no es un símbolo oficial de España. De todos modos, los productos que inundan las tiendas para turistas parecen indicar lo contrario. Pero lo cierto es que el famoso ícono taurino que asociamos con el país ibérico es, en realidad, un producto publicitario del Grupo Osborne, propietaria de una de las bodegas más emblemáticas de Andalucía.

Incluso sin ser considerado, entonces, un símbolo oficial, el toro es, sin duda, un animal icónico de España; en gran parte, claro está, por la afición de ese país a la tauromaquia. Pero existe un episodio muy curioso de la historia ibérica que viene a agregar un giro inesperado a la relación entre España y su animal emblemático.

Considerando que se trata de una derrota militar, no resulta extraño que en el país de los toreros esta historia no sea muy conocida, pero del otro lado de la frontera, en Portugal, todos saben bien lo que pasó aquel 25 de julio de 1581, cuando un ejército castellano fue derrotado en las islas Azores por una tropa no de humanos, sino de toros.

Entendamos, entonces, el contexto en el que se dieron estos curiosos acontecimientos.

La crisis de sucesión portuguesa

Debemos situarnos en la Península Ibérica durante la segunda mitad del siglo XVI. El rey portugués, Don Sebastián, asumió el gobierno con 15 años y una idea fija en la cabeza: conquistar Marruecos. Considerándose heredero y continuador de las gestas de la Reconquista ibérica, el joven monarca desoyó las súplicas de sus consejeros y lanzó su propia cruzada en el norte de África.

El 4 de agosto de 1578, las tropas portuguesas sufren una derrota aplastante en la Batalla de Alcazarquivir, poniendo fin al expansionismo lusitano en el Magreb y, al mismo tiempo, inaugurando un período de inestabilidad política que acabaría por colocar a un español en el trono portugués.

El cuerpo de Sebastián, el niño-rey, nunca fue encontrado. Nació, entonces, el Sebastianismo, un movimiento mesiánico que profetizaba el retorno del monarca desaparecido y, con él, el fin de las penurias que castigaban al reino. Esta creencia se arraigó con particular fuerza en el nordeste brasileño y en las islas Azores, en el Atlántico Norte.

En Portugal, las cortes proclamaron rey al pariente más cercano de Sebastián, el Cardenal Don Henique. Pero éste era un hombre religioso y, además, avanzado de edad. Por lo tanto, no podría engendrar un heredero al trono. La situación era delicada. Los parientes del fallecido monarca con mayores chances a la corona lusitana eran todos de quinto grado, pero el que más sobresalía era Felipe II, rey de España.

Mientras que la aristocracia portuguesa negociaba con los castellanos, el pueblo lusitano proclamó a Don António, Prior de Crato. Tras una serie de movidas políticas y enfrentamientos armados que culminarían con la Batalla de Alcántara, el monarca español es coronado rey de Portugal, dando inicio al período conocido en España como Unión Ibérica y en su vecino como Dinastía Filipina.

Mientras Felipe marchaba a Lisboa, supo de la insurrección en la isla Terceira, en el archipiélago de las Azores. Los isleños se negaban a aceptar la autoridad del rey castellano, por lo cual Felipe II ordena el envío de una escuadra al mando de Pedro de Valdés.

Es el comienzo, ahora sí, de la historia que nos interesa.

Isla Terceira

El 5 de julio, los terceirenses vieron 10 navíos acercarse a la costa de la Bahía de Salga. Los partidarios de Don António se ilusionaron con la posibilidad de que se tratase de la prometida y muy esperada ayuda por parte de ingleses y franceses. Los que eran favorables al rey español, por su parte, confiaban en que se trataba de una escuadra castellana que venía a disciplinar a los insurrectos isleños.

Grande fue la sorpresa para ambos bandos cuando la escuadra comenzó a bombardear la costa, atacando a antonistas y felipistas por igual. Valdés envió un mensaje al gobernador de la isla, Ciprião de Figueiredo e Vasconcelos: si juraban lealtad a Felipe II, todos los habitantes serían perdonados. De lo contrario, mil soldados castellanos desembarcarían en Terceira y ya no habría piedad para nadie. La mayoría de los terceirenses, fieles a Don António, se mantuvieron firmes.

Enterado Felipe de la obstinación de los isleños, ordenó el inmediato envío de refuerzos para la conquista de la isla. Una armada al mando de Lope de Figueroa salió rumbo a las Azores, pero cuando Valdés se enteró que Figueroa venía de camino y que, además, debía de cederle a éste el mando de la operación, el almirante sintió que una victoria segura se le escapaba de las manos. Decidió, entonces, tomar la isla antes de la llegada del que venía a asumir el control y llevarse así la gloria de lo que parecía una victoria segura.




La madrugada del 25 de Julio, día del apóstol Santiago (patrono de España), Valdés ordenó el primer desembarque, consistente en 200 hombres bien armados y algunas piezas de artillería. El lugar escogido fue una bahía donde se alzaba la Casa da Salga. En la playa, la resistencia fue heroica pero insuficiente y cerca del mediodía los castellanos, que ya habían desembarcado a 1.000 hombres, avanzaban tierra adentro. Los terceirenses se retiraron a las tierras altas.

En una de las colinas vivía Bartolomeu Lourenço y su mujer, Brianda Pereira. Con su marido y su hijo presos de los castellanos y su casa incendiada, Brianda pasó a la línea de frente, arengando a hombres y mujeres por igual, convirtiéndose en un ícono de la resistencia. Mientras tanto, llegaban refuerzos de otras comunidades azorianas y un navío con tropas francesas.

En total, los azorianos juntaron 6.000 combatientes. Los españoles eran 1.000. De todos modos, pese a la asimetría numérica, la tropa invasora estaba compuesta por soldados experimentados, bien armados y con suficiente artillería. A la tarde, en cuanto portugueses y castellanos se enfrentaban en trincheras y colinas, Valdés se retira a su navío, confiado en la victoria. No podía imaginar que, horas después, perdería no solo la batalla sino también la vida.

La estrategia del ganado

Atravesando el campo de batalla, a caballo y blandiendo una espada, se encontraba Frei Pedro, un sacerdote que pasaría a la Historia por haber tenido una brillante idea. Viendo que la derrota portuguesa era inminente, el padre aconsejó al gobernador Figueiredo que juntase a todo el ganado vacuno de la isla y lo emplease como fuerza de choque contra los castellanos. Sería la jugada clave.

Vacas y toros fueron dispuestos en línea frente al terreno que ocupaban los españoles y antes de que estos pudieran reaccionar, un estruendo de arcabuces aturdió la isla y el ganado, eufórico, se lanzó barranca abajo, en dirección al mar, atravesando el terreno castellano.

La escena, para los que la observaban desde las tierras elevadas, era dantesca. Los españoles corrían colina abajo y eran embestidos brutalmente por la tropa bovina. Los que conseguían sobrevivir a la estampida eran asesinados a sangre fría por los azorianos que marchaban por detrás de los animales.

Los españoles que llegaban a la costa intentaban alcanzar los barcos, pero el peso de las armaduras los hundía y los ahogaba y los que regresaban a tierra para rendirse eran masacrados sin piedad. Valdés, que observó desde su barco el tenebroso espectáculo, moriría también ese día a manos de los portugueses.

Los terceirenses, furiosos por la destrucción de sus cultivos, la quema de sus casas y el asesinato de sus vecinos, masacraron a los prisioneros castellanos en la propia playa y descuartizaron sus cadáveres. El propio gobernador, conmovido por tales muestras de crueldad, mandó desalojar la costa.

Al anochecer, yacían sobre la arena pedazos de cuerpos humanos entre piezas de artillería y ganado suelto. Las olas, al romper sobre la orilla, eran de un rojo brillante. La victoria era portuguesa.


Toros y vacas en la guerra

No se sabe a ciencia cierta cual fue el saldo de la batalla. Algunos registros hablan de 17 portugueses muertos de un total de 6.000. En cuanto a los españoles, de los 1.000 que desembarcaron en la playa de la Salga, sólo 50 habrían alcanzado de nuevo los navíos.

Grandes fueron los festejos en el archipiélago tras la victoria de Salga. Felipe II concedió una tregua y de este modo los azorianos, con un poco de ayuda francesa y gracias al ingenio militar de Frei Pedro, mantuvieron las islas fieles a Don António. La paz, de todos modos, habría de durar tan solo dos años.

Ubicadas a mitad de camino entre América del Norte y Europa, la importancia estratégica de las Azores para el imperio unificado de España y Portugal demandaba nuevas accinoes. Dos años después de los acontecimientos de Salga, los castellanos desembarcarían nuevamente en las islas y, en esa oportunidad, lograrían poner fin a la rebeldía insular y anexionar, definitivamente, todos los dominios portugueses. Al menos hasta 1640, cuando Portugal recobra su independencia.



Han existido otros casos en los que el ganado fue utilizado como estrategia en la batalla. Podemos citar dos que, a diferencia de lo ocurrido en las Azores, no resultaron muy bien.

En 1591, diez años después de los acontecimientos de la isla Teceira, tuvo lugar la Batalla de Tondibi entre el Sultanato de Marruecos y el Imperio Songhai.

El Sultanato de Marruecos era gobernado por la dinastía saadí, heroicos vencedores de la Batalla de Alcazarquivir (1578), aquella en la que el niño-rey Sebastián desaparece, generando la crisis de sucesión portuguesa.

Durante una expedición, en 1591, contra su vecino del sur, el Imperio Songhai, el ejército marroquí encuentra a su enemigo en Tondibi. Los songhai dispusieron mil cabezas de ganado que pretendían enviar en estampida contra los marroquíes y poder acercarse, marchando detrás de los animales, a las diezmadas filas magrebíes. Pero los invasores dispararon antes una carga de arcabuz que asustó a la tropa vacuna, llevándola a correr en dirección de los songhai. Los marroquíes vencieron la batalla y poco después el Imperio Songhai colapsaba.

Otro ejemplo curioso se dio en 1671, cuando una tropa de piratas comandada por Henry Morgan conquistó, saqueó e incendió la ciudad de Panamá. Pero esta vez fueron los españoles los que utilizaron el ganado como arma.





Cuando los 1.200 ingleses, holandeses, franceses, negros, indios y españoles renegados que conformaban la tropa de Morgan marcharon sobre Panamá, los españoles lanzaron sobre ellos un rebaño de vacas, pero los animales, asustados frente al estruendo de la batalla, esquivaron a los piratas. Las pocas vacas y toros que llegaron cerca de la tropa invasora fueron abatidas por los arcabuces. La estrategia, al igual que en Marruecos, resultó en un fracaso rotundo.

Por eso el episodio de la isla Terceira es tan particular. No solo por la poesía mórbida que implica utilizar un animal tan español como el toro con el fin de, en efecto, acabar con los españoles. Sino también porque se trató de una victoria contundente, producto de una táctica improvisada que la Historia atribuye al ingenio de un sacerdote azoriano que supo derrotar al Imperio más grande que hasta entonces había conocido el mundo.

Desde entonces, la costa de pescadores donde se dio la batalla se llama Playa de la Victoria. Y no lejos de allí, por detrás de las colinas verdes, pasta todavía el ganado de la isla Terceira, descendiente de aquel que salvó la honra de Portugal en el Atlántico Norte e inscribió un capítulo propio en la historia militar del mundo.


CSI: La fecha y hora de la crucifixión de Cristo


15 de abril de 2021

¿Está a nuestro alcance la inmortalidad?


En 1965 Arthur C. Clarke publicó un cuento corto, titulado Dial F for Frankenstein, que después se publicó en la colección The wind from the sun: stories of the space age. En ese cuento Clarke proponía el siguiente escenario:

Cuando todos los sistemas telefónicos mundiales queden conectados a través de satélites geoestacionarios, el número de componentes de dicho sistema será superior a la del cerebro humano. Como el sistema tendrá acceso a la información contenida en todos los ordenadores del mundo, que estarán conectados a la red, tendremos un sistema muy complejo provisto de una cantidad de información elevadísima. Si la consciencia surge de modo automático de un sistema como ese, dicha red de ordenadores conectados telefónicamente debería ser consciente y, al ser muy superior a cualquier cerebro humano, tomará el control de la Tierra.

Clarke pronosticó con éxito en este cuento con 30 años de antelación lo que hoy llamamos Internet. Han pasado otros 20 años más y no tenemos ningún indicio de que Internet esté tomando el control de nuestro planeta, ni mucho menos de que sea consciente. Por lo tanto, no se ha cumplido la predicción de Clarke de que la consciencia surgiría automáticamente en un sistema así. Parece que la consciencia es algo más que complejidad más información.

Arthur C. Clarke

Dos años antes, Clarke había escrito otro cuento corto, titulado Playback, que luego se publicó en la misma colección que el anterior. En ese cuento ocurre lo siguiente:

El piloto de una nave espacial ha sufrido un accidente. Cuando vuelve en sí, sorprendido de seguir con vida, va descubriendo poco a poco que en el accidente ha perdido, no sólo los miembros, sino todo su cuerpo, incluido el cerebro. Unos extraterrestres que hallaron los restos de su nave han grabado su memoria, y por tanto su consciencia, le ofrecen construirle un cuerpo nuevo y le piden que lo describa, porque no saben cómo era. Pero la grabación ha sido defectuosa, se va borrando poco a poco mientras el piloto pierde gradualmente la consciencia, y por fin desaparece antes de que puedan ayudarle.

Este cuento de Clarke es parecido al anterior, aunque también es diferente. Según él, si nuestra memoria se grabara en una computadora, la consciencia se asociaría automáticamente con la grabación, por lo que no seríamos más que la información que poseemos. Como hemos visto en el primer cuento, se trata de una hipótesis muy discutible, que dista mucho de haber sido demostrada.



Ray Kurzweil

Sin embargo, hay quienes piensan que el avance científico del segundo cuento está a la vuelta de la esquina, e incluso cuentan con ello para asegurarse la inmortalidad. Ray Kurzweil, por ejemplo, lleva anunciándolo desde hace tiempo. Pero Kurzweil no pone todos los huevos en el mismo cesto. En su libro Fantastic Voyage: Live Long Enough to Live Forever (2004, escrito con Terry Grossman) predice otra forma de alcanzar la inmortalidad: los avances de la Medicina, que hasta ahora han alargado progresivamente la esperanza de vida, están a punto de crecer de forma exponencial. En cuanto la esperanza de vida se alargue a razón de un año por año, la inmortalidad habrá sido alcanzada. Esta predicción se cumpliría, según él, hacia 2035. ¿Tiene visos de realizarse? Veamos las cifras de la esperanza de vida según datos de la ONU, que incluyen también las previsiones hasta el año 2100:

Vemos pues que las previsiones de Kurzweil parecen un caso claro de lo que los ingleses llaman wishful thinking. Predice esos avances tan espectaculares, porque quiere que le alcancen a él. Aunque los datos de la ONU predicen que la esperanza de vida seguirá aumentando hasta el año 2100, ese aumento se va decelerando progresivamente en lugar de acelerar, como desea Kurzweil.

En cuanto al segundo sistema de alcanzar la inmortalidad, descargando nuestra consciencia, plantea un problema aún más grande que el primero:

Si no sabemos qué es la consciencia, ¿cómo vamos a descargarla?


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https://divulciencia.blogspot.com/2015/03/alcance-la-inmortalidad.html

28 de marzo de 2021

EL ULTIMO GUERRERO MAYA; ABRIO LA PUERTA PARA DESCIFRAR SU COMPLEJA CULTURA


Apenas 4 años después de su viaje a México, el 30 de marzo de 1999, Yuri Valentinovich Knorozov murió en los pasillos de un hospital, víctima de un derrame cerebral. Fue enterrado en un antiguo basurero de San Petersburgo, antes Leningrado. Así partió "El caballero rojo", el ruso que descifró la escritura maya.

Durante su dramática agonía en San Petersburgo en marzo de 1999, uno de los científicos más luminosos del siglo XX tenía los ojos cerrados, pero alcanzó a escuchar que su trabajo, por fin, sería publicado y que aquel descubrimiento suyo que lo coloca a nivel de Champollion en la historia de la humanidad, quedaría impreso en tres hermosos tomos, editados en México, como él lo deseaba. A dos décadas de su muerte, el genio ruso que dio con la clave para el desciframiento de la escritura maya tendrá una nueva vida en 2020 con dos grandes acontecimientos: la aparición de su biografía en nuestro idioma, que su autora Galina Yershova presentó el pasado otoño en la Universidad Estatal Rusa de Humanidades y con la publicación en línea de su obra monumental, Compendio Xcaret de la escritura jeroglífica maya descifrada por Yuri V. Knórosov.

Una crónica de sus últimos días:

El corredor es helado, la camilla estrecha. Un hombre lucha solo contra la muerte. Ni los médicos ni las enfermeras que pasan de largo se detienen a mirarlo. Lleva días allí, tiritando de frío. No importa quién es, tiene setenta y siete años. No hay cuarto para él. Ni cama. Ni cobija. El derrame se agrava. Los últimos días serán helados como las últimas horas de un invierno ruso. El frío duele más, la soledad duele más que la enfermedad. Los escalofríos se apoderan del menudo cuerpo de este hombre que lleva la ciencia en la sangre. Y ahora, la pulmonía. Solo, en su camilla, sin una mano que le lleve ropa limpia. Un genio del siglo XX agoniza en el corredor de un hospital en San Petersburgo. Es Yuri Valentinovich Knórosov.


Intenta abrir los ojos. Sus larguísimas cejas blancas que cubren sus ojos azul zafiro comienzan a congelarse. Tiene frío, mucho. Comienza el delirio, es el principio del fin. Piensa en el fuego. El fuego, las llamas, se apoderan de Berlín. Es la Segunda Guerra Mundial y el ejército soviético toma la ciudad alemana. Un joven ucraniano de veintiún años, estudiante de violín, se une a las tropas de su país y un arrebato, que será definitivo en su vida y en uno de los descubrimientos científicos más relevantes del siglo XX, lo conduce a la Biblioteca Nacional para salvar lo que pueda. Rescata dos libros: Las cosas de Yucatán de Diego de Landa, de la valiosa edición de Brasseur de Bourbourg, y la edición de 1933 de Los códices mayas de los hermanos Villacorta. Los mete en su mochila y regresa a casa sin saber que en ese momento su vida daba una vuelta de tuerca.

Qué lejos está su casa ahora que yace en una camilla. Qué lejos la población de Járcov, en Ucrania, donde nació el 19 de noviembre de 1922. Qué lejos el calor del hogar. Tan lejos como el fuego que prendió el mismo Diego de Landa a los códices prehispánicos mayas en el siglo XVI. Lejos también los únicos tres ejemplares que se salvaron y que llevan el nombre de Códice Dresde, Códice Madrid y Códice París, como las ciudades que los resguardan.

Un escalofrío remueve la memoria. Knórosov agoniza; pero pasan por su mente los días en la Universidad de Moscú cuando a los diecisiete años se interesó por las escrituras antiguas, la etnología y la arqueología. Su pasión por las lenguas que lo llevó al conocimiento de los jeroglíficos egipcios, el árabe, el chino y el japonés. Años después encabezaría los estudios hacia el desciframiento de sistemas desconocidos de escritura como el de la Isla de Pascua, el del Tibet o la protoíndica. Sería miembro del Instituto de Etnología de la Academia de Ciencias de Rusia en San Petersburgo y de la Sociedad Astronómica Europea.


Pero ahora está sobre una camilla, con la ropa húmeda y los pulmones adoloridos, más parecido a un personaje de Dostoievski que a un genio del siglo XX con las horas contadas. Casi no puede respirar, pero sí recordar: el joven Yuri regresa de la guerra. Se reincorpora a la universidad, se gradúa como etnólogo en la Facultad de Historia de la Universidad Estatal de Moscú especializándose en lingüística. Su maestro Sergei Alexandrovich Tokarev escucha, incrédulo, a su discípulo cuando éste lanza, tajante, su hipótesis: “No hay escrituras indescifrables, cualquier sistema de escritura producido por el hombre puede ser leído por el hombre”. Tokarev lo reta: “¿Puedes demostrarlo?”. “Sí”, responde Yuri, y, para fortuna de la humanidad, elige la escritura maya, que durante siglos había sido considerada un enigma. Y así, a miles de kilómetros de distancia y desde un país donde nada había sobre estudios mesoamericanos, Knórosov abre su mochila de guerra, toma como guía la información de Diego de Landa, a quien traduce, y emprende una de las más fascinantes aventuras intelectuales, que lo ha colocado al nivel de Jean-Francois Champollion, el genio francés que descifró los jeroglíficos egipcios en el siglo XIX.


Knórosov publica en 1956 que los glifos traducidos por Diego de Landa en su manuscrito Las cosas de Yucatán no corresponden, como se pensó al principio, a un alfabeto maya sino a un silabario; es decir, que la forma de la escritura maya tiene una lectura claramente fonética y corresponde a la forma escrita de un lenguaje oral. El descubrimiento dio lugar “al nuevo amanecer en el paso hacia el desciframiento” -en palabras del estudioso estadounidense Michael D. Coe- y convirtió a glifos e inscripciones en verdadera literatura. El autor de libros como La escritura de los indígenas mayas (1963) y Códices jeroglíficos de los mayas (1975) daba con la clave para leer los testimonios de la más sofisticada de las culturas mesoamericanas, la que desarrolló el calendario más exacto de la antigüedad, la que descubrió el cero, la que escribió su historia para la posteridad.

De pronto, junto al científico, aparecen su hija y su queridísima nieta. Lo miran, lloran, se horrorizan y se van. Él permanece allí unos días más, con la humedad que se cuela hasta sus delgadísimos huesos.

El hombre de la camilla se acerca a la muerte con una certeza: “Para mí no hay dudas, lo que estamos haciendo son lecturas, no interpretaciones. Estamos leyendo textos mayas absolutamente comprensibles.” Y pasan por su mente los textos que labraron los mayas en sus estelas y tableros, en sus tumbas y en sus vasijas, en las pirámides y en los códices, y el misterio que guardaron siglos enteros.

Knórosov frunce el ceño. Siempre fue objeto de controversia. Eric Thompson y su rabioso anticomunismo lo descalificaron. Después, la Escuela Norteamericana de Epigrafía, que tomó su método como punto de partida, pero siguió un camino con el que él no podía estar de acuerdo: “El peligro es que la ciencia ficción se presente como descubrimiento histórico.”

Frente al cuerpo inmóvil, aparece otra persona: es Galina Yershova, su mano derecha, su leal asistente. Quiere hablar con él. Pero el trombo afectó el hemisferio izquierdo del cerebro y él no puede responder. Ronronea. Con un tratamiento adecuado podría recuperarse -piensa ella-, pero también sabe que los médicos, por la miseria, están orientados a dejar morir a las personas mayores de sesenta años.

Galina quiere contarle que tiene noticias del otro lado del mundo. Que su obra magna, el primer diccionario de glifos mayas con su traducción al español; la compilación de todos sus textos encaminados a enseñar su método para leer las escrituras mayas, y su traducción de los tres códices mayas existentes, están en imprenta. Que sus cuarenta años dedicados al estudio de los mayas están por convertirse en tres bellísimos tomos; que por primera vez serán publicados todos juntos en español y que, tal y como él lo quería, todo sucederá en México.

Knórosov no puede hablar, pero la escucha. Piensa en México y en su sueño de morir en el sureste mexicano. Fue hasta 1989 que cruzó el Atlántico para pisar Guatemala y a principios de los años noventa vino por primera vez para, por fin, ver con sus propios ojos las ciudades arqueológicas que tanto estudió. Entonces también conoció Palenque y en 1995 sorprendió al mundo al lanzar su hipótesis sobre la identidad de Reina Roja: “Es ‘Guayamaya Blanca’, la última reina de Palenque en el periodo Clásico de los mayas”.


En su agonía, ardiendo en fiebre, Knórosov escucha voces que le preguntan, ¿cómo pudo, desde su gabinete en San Petersburgo, dar con la clave del desciframiento, sin conocer tierras de lo que fuera Mesoamérica?

El científico se acerca al final. La sangre tiene dificultades para llegar al corazón. Aún no hay cuarto para él en el hospital. Ni ropa. Ni una mano que lo acompañe. Aún tiene tiempo para recordar el homenaje que recibió en Chetumal y el Águila Azteca en la embajada mexicana de Moscú en 1994, y su decepción porque ni el INAH ni la UNAM, en México, se interesaron por publicar su obra.


Al ritmo de su lenta respiración, aparecen rostros. El de Patricia Rodríguez Ochoa, historiadora nacida en Yucatán, quien, asombrada por el hallazgo de Knórosov y por el desconocimiento de sus logros en el medio cultural mexicano, buscó al investigador en 1995 y se comprometió a conseguir un editor para su obra. Más tarde, se convirtió en coordinadora editorial del proyecto. El rostro de Águeda Ruiz, periodista y poeta, quien fungió como primer contacto entre los investigadores rusos y Marcos Constandse del grupo empresarial del sureste, Xcaret, quien decidió subvencionar a Knórosov, Yershova y a su equipo en Rusia para que terminaran la obra. El de Tiahoga Ruge quien logró una beca para filmar la vida del científico ruso. El de Myriam Cerda González, de la Editorial Sestante, quien diseñó los tres tomos y coordinó la producción con la asistencia de Laura Novelo. El de Edgar Gómez Marín quien revisó y corrigió la obra. El del profesor José Arroyo, alumno de Yershova en Rusia y profesor de la Universidad de Quintana Roo, quien supo de la obra inédita por la prensa y propuso que la institución participara. El del rector Efraín Villanueva, quien se entusiasmó con la idea y ofreció financiar la producción del libro.

El doctor Knórosov escucha a Galina cuando ella le pide que espere, que no se vaya, que pronto podrá ver su sueño: tres tomos en piel titulados Compendio Xcaret de la escritura jeroglífica maya descifrada por Yuri Knórosov, coeditado por el Grupo Xcaret y la Universidad de Quintana Roo. El primer tomo reúne, por primera vez, un compendio de su obra en español, el catálogo de mil 35 glifos dibujados por él y la equivalencia de cada signo a su sonido y a su significado en español. El segundo incluye la reproducción de los códices Dresde, Madrid y París. Y el tercero, la transcripción, transliteración y traducción al español de los tres documentos. Que pronto saldrán de la imprenta, le anuncia Galina al oído.

Pero el doctor Knórosov muere, o lo dejan morir, en el corredor de un hospital en San Petersburgo en el amanecer del martes 30 de marzo de 1999. El hospital logra comunicarse con la hija hasta la noche del 31. No hay dinero para un velatorio, ni para un entierro digno. Yershova le pide al embajador mexicano en Moscú, Abelardo Treviño, apoyo económico para el entierro. Éste le da 500 dólares. Ella se traslada a San Petersburgo y busca una despedida decorosa. Imposible hacerlo en el museo, porque es domingo.

Su cuerpo es trasladado a una morgue con otros muertos abandonados. Le habían crecido el bigote y la barba. Tenía las cejas congeladas. Tuvieron que cortarlas. Imposible siquiera afeitarlo: el rostro se caería en pedazos. Estaba irreconocible.


La “despedida” tiene lugar en la morgue el domingo 4 de abril. Acude mucha gente, pero no toda logra un lugar. Ateo convencido, el científico es objeto de una misa de cuerpo presente. El ataúd es trasladado a un sitio de difícil acceso en las afueras de la ciudad; en realidad, un basurero con montículos levantados, restos de camiones llenos de agua y lodo que llega hasta las rodillas. Un viento helado provoca el griterío de las gaviotas. El ataúd desciende en el agua, echan tierra encima para que la tumba no desparezca en el pantano.

Al ritmo de la pala que echa tierra sobre su cuerpo y a miles de kilómetros de distancia, van saliendo de una imprenta de la ciudad de México, uno a uno, los dos mil ejemplares que reúnen su monumental obra.

En Moscú, nueve días después, Galina Yershova encabeza un homenaje a Knórosov en la universidad con sus colegas y sus sobrinas. Preparan la comida mexicana que tanto le gustaba al doctor, con sus queridos chiles habaneros. Coinciden en imaginar que, con todo y lo trágico de los acontecimientos: “Si el doctor en este momento está observando lo que pasa, debe estar riendo, así como él lo hacía, frotándose las manos”.

Y hoy, veinte años después, seguro tendrá motivos para frotarlas de nuevo.


(NOTA: El Compedio Xcaret de la escritura jeroglífica maya descifrada por Yuri V. Knórosov, fue presentado en Cancún poco después de su muerte. Las fuentes informativas para esta crónica son las entrevistas realizadas a Yuri Knórosov en julio de 1995 y el seguimiento periodístico de su obra, desde 1994 hasta 1999, por la autora de este texto. Los datos sobre su muerte fueron recogidos de un testimonio escrito por Galina Yershova y enviado a México poco después de la muerte de Knórosov).

La segunda vida de Yuri Knórosov
El Compedio Xcaret de la escritura jeroglífica maya descifrada por Yuri V. Knórosov, fue presentado en Cancún poco después de su muerte.
-4 marzo, 2020





Homo Deus.




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