La masacre del Boyd ha pasado a la historia por ser uno de los actos de canibalismo más sangriento de la historia reciente de la humanidad. En ella, 66 tripulantes de una embarcación fueron asesinados y canibalizados en Whangaroa por una grupo de maoríes a modo de venganza por la paliza que había recibido el hijo de uno de ellos.
Puerto de Whangaroa
El Boyd era un barco bergantín que en octubre de 1809 salió del puerto de Sidney en Australia transportando 70 pasajeros y otros tantos tripulantes al puerto de Whangaroa en la isla norte de Nueva Zelanda.
George, que era el hijo del jefe Maorí de Whangaroa, había aceptado pagarse el traslado en barco a su tierra natal trabajando a bordo del barco. Una vez iniciado el viaje, George se negó a obeceder órdenes, recurriendo para ello a su origen noble y sus problemas de salud. Como castigo por su desobediencia fue fustigado, hechos que no dudó en contar a su padre a su llegada a Whangaroa en diciembre de 1809.
Tres días después de la llegada del Boyd, los maoríes invitaron al capitán Thompson a seguir a sus canoas en busca de madera de kauri. Thompson y otros cuatro tripulantes siguieron a las canoas hasta la entrada del río Kaeo, mientras el resto de la tripulación se mantuvo a bordo con los pasajeros preparando el navío para el viaje de vuelta a Inglaterra.
Cuando los barcos estuvieron más allá de la vista del Boyd, los maoríes atacaron a los extranjeros, matándolos con garrotes y hachas. Después algunos maoríes quitaron las vestimentas a las víctimas y se las pusieron a modo de disfraz, mientras el resto trasladaban los cuerpos al pueblo para canibalizarlos.
Ilustración del asalto al Boyd
A la mañana siguiente Te Pahi, un importante jefe de la cercana población de Rangihoua llegó al puerto de Whangaroa, y al encontrarse con el dantesco espectáculo, intentó ayudar a los supervivientes a salir en su canoa. A no conseguirlo, los habitantes de Whangaroa determinaron que no eras de su importancia los sucesos acontecidos, y le obligaron a ver cómo mataban y canibalizaban al resto de la tripulación superviviente, dejando únicamente cuatro supervivientes, una mujer y tres niños.
Los días siguientes, durante el pillaje del barco, tomaron mosquetes y pólvora, pero en las pruebas del mosquete dentro del barco incendiaron los depósitos de pólvora causando una explosión que mató al menos a 10 maoríes.
Ilustración de la destrucción del Boyd
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