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30 de marzo de 2017

Wayuu Bag: un negocio redondo a costa del patrimonio cultural



Escribe: Karmen Ramírez Boscán 

Desde que somos niñas, las wayuu aprendemos nuestras costumbres y tradiciones. Las mujeres wayuu somos creadoras, tejedoras, artistas, soñadoras. Yo no soy tejedora, soy wayunkerrera, porque lo que hago son Wayunkerras, y aunque no hablo fluidamente mi lengua tradicional, desde que tengo memoria he aprendido a hacer nuestra tradicional wayuu bag (como le dicen en inglés) o “mochila” (como se le dice en español), o simplemente “susu”, como se le llama en wayuunaiki, la lengua del pueblo Wayuu. El tipo de trabajo que hacemos se realiza a mano, sin ningún tipo de ayuda mecánica, que incluye una serie de elementos originales que le dan el certificado intrínseco de calidad natural: involucra el trabajo no sólo de una mujer sino de hasta tres, y en ocasiones el de hombres, niños y niñas, que conlleva cuando menos 20 días para que una de estas piezas de arte esté completa.

Las circunstancias de mi pueblo me hacen pensar en las historias detrás de cada mochila que, insisto, sólo puede ser comparada con una pieza de arte única e irrepetible. Estas historias deberían brindarles un valor añadido, pues son elaboradas por una artista wayuu en un país que enfrenta una situación muy difícil en términos de derechos humanos, conflicto armado, corrupción y pobreza. Desafortunadamente, son ignoradas debido a la ceguera producida por el consumismo.

La Fuerza Mujeres Wayuu, con el apoyo del Fondo Global de Mujeres, inició un proceso de fortalecimiento y empoderamiento económico hace más de ocho años en la Comunidad Wayuu Nouna de Campamento, donde, sin ser el único ni el primer ejercicio de este tipo que se desarrolla en el territorio, 40 mujeres dieron inicio al programa que se basa en el tejido como una estrategia de protección frente al conflicto armado y las violaciones de derechos humanos. El principio fundamental de esta iniciativa ha sido la protección de Wounmainkat – Nuestra Tierra, contra las amenazas de las multinacionales, a la presencia de grupos armados legales e ilegales y la reclamación de justicia. Además procura la obtención por parte de la artista de una remuneración digna por su trabajo, en aras de promover la independencia financiera de las mujeres wayuu que, entre otros factores, enfrentan la barbarie de la guerra. Tristemente, el proceso terminó solo con siete mujeres después de todo este tiempo, pero ellas han sido constantes en sus objetivos y se han comprometido con la defensa de sus derechos, al mismo tiempo que han aprovechado sus conocimientos en el tejido para sacar adelante a sus familias.

Ahora, respecto al caso de la diseñadora española Stella Rittwagen, que me ha sido enviado por varias fuentes y me motivó a escribir este artículo; debo declarar que no es el único en el que personas externas y ajenas a nuestra cultura se lucran descaradamente apropiándose de las creaciones indígenas. Esta diseñadora, que conste, declaró que ella misma fue a comprar las mochilas en las rancherías de Riohacha. No obstante, estos agravios se suman a un creciente número de agresiones hacia nuestro patrimonio inmaterial, cultural y artístico. Para comprobarlo basta con recordar el reciente escándalo que se armó por la venta del famoso sombrero ‘vueltiao’, patrimonio del pueblo Zenú de Colombia, que resultó ser “made in China” y que se pretendía vender en las calles del país.

Estas situaciones tampoco suceden únicamente en Colombia. Otras comunidades indígenas se ven afectadas alrededor del mundo, como es el caso de los Massai, un pueblo indígena seminómada que habita en el sur de Kenia y el Norte de Tanzania en el continente africano. En el 2013 varios medios electrónicos hicieron eco a la voz de Isaac Ole Tiaolo, indígena Massai y director de la organización Iniciativa de la Propiedad Intelectual Massai. Él asegura que según estadísticas de diferentes oenegés como Light Years Indigenous Peoples –especialista en asegurar los derechos de los pueblos indígenas sobre la propiedad intelectual de sus creaciones en países desarrollados–más de 80 compañías alrededor del mundo utilizan la imagen y el nombre Massai para obtener beneficios económicos.

Es pertinente también mencionar otras situaciones que con nombre propio afectan al pueblo Wayuu en su conjunto. Por ejemplo, el lanzamiento de la colección primavera–verano 2013 de la diseñadora Sophie Anderson, a quienes los medios electrónicos en el Reino Unido aclamaron por sus diseños “basados en la mochila amerindia”. A la diseñadora Anderson la califican como “de ojo particularmente ecléctico”, ya que en cada pieza combina lo moderno con lo antiguo, pero lo que más llama la atención de “su colección” es la vibración de los colores que ella combina en “sus” diseños, diseños y colores que, valga la pena decir, no son otra cosa distinta a lo que llamamos en wayuunaiki: kanaas, dibujos únicos y exclusivos de las artistas wayuu, los cuales ni siquiera existen en patrones impresos, porque cada una de nosotras los lleva guardados en la memoria.

Esta situación es sólo comparable con nuevas formas de colonización y de esclavitud, donde las mujeres wayuu han tenido que tejer en materiales de menor calidad que les permitan finalizar en tiempos súper reducidos, lo que los alijunas[1] llaman “productos” con el objetivo de cubrir la alta demanda que es subestimada por los compradores, además de ser mal pagada por los comerciantes.[1] Para una fácil comprensión, un alijuna es a un wayuu lo que un extranjero es a un nacional de un país.

Inclusive se conocen casos de “marcas” registradas que usufructúan nombres que han puesto a sus empresas perteneciendo éstos al wayuunaiki, nuestra lengua tradicional. De la misma forma utilizan los fonemas propios de nuestra lengua para poder abarcar más compradores del producto. Conocemos también casos de amenazas directas por parte de personas que están detrás de esas marcas, y que impiden el uso de nuestra lengua y tradición en las optimizaciones de los motores de búsqueda online, con el argumento de que estas palabras han sido registradas en países de Europa, utilizando el degradante juego del uso de los fonemas.

Cuando hablo del uso de los fonemas, sin ser lingüista (incluso sería interesante si un lingüista pudiera aclararme esto), me refiero a que para un estadounidense, un canadiense, un suizo o un alemán, al pronunciarles por primera vez la palabra ¨wayuu¨ ellos la escuchan como ¨why you¨ o ¨vayu¨ ¨uayu¨ o ¨uaju¨ o ¨wayo¨ o ¨wayoo¨ o como ¨wow you¨, y así la escriben cuando quieren guardar o buscar información online, por ejemplo. Conozco marcas nombradas como ¨Susu Wayúu¨ una tienda en España, ¨Pulowi¨ una marca de joyas en Colombia, Wayuu Bag en Estados Unidos, ¨Guay you¨ una iniciativa de estudiantes en Colombia, Wayuu Tribe, Mochila Bag, Wayuu Mochila, Mochila Bags, Wayuu Life, entre cientos de otros nombres de negocios que venden la mochila wayuu. Las mochilas wayuu son ofrecidas en plataformas de comercio electrónico donde se puede adaptar un perfil con lo que se conoce como un frontpage de venta, que no es más que una página para ofrecer productos, y hay aún más, páginas donde se pueden comprar productos, precisamente, “made in China ” al por mayor, en donde hay mochilas wayuu. Todas estas, ofertas comerciales, son manejadas por alijunas, pero ninguna por wayuus.

No se puede dejar de mencionar a Sapia C.I. S.A.S, más conocida como Salvarte, exitosa empresa basada en la compra y venta de artesanías, que fue la primera sociedad de propiedad de Tomás y Jerónimo Uribe Moreno, los hijos del actual, e innombrable por mis letras, senador de Colombia. Según información publicada por El Espectador, Salvarte, de la cual los hijos del senador dicen que ahora son accionistas minoritarios, hoy cuenta con diez almacenes en Bogotá y exportaciones a distintos países. En 2010 empezó a reportar balances ante la Superintendencia de Sociedades, en los que registraron ingresos operacionales por $6.500 millones, ganancias brutas de casi $3.000 millones y ganancias netas de $200 millones, tras pago de impuestos. Cifras que evidentemente deberían ser cuestionables por cualquier artista indígena que alimenta con sus creaciones las arcas de empresarios de este tipo.

Pero quiero referirme en particular a dos casos que me han afectado personalmente. El primero se trata de ¨Wayoo¨ una tienda online alojada en Suiza, país en el que vivo hace tres años. Mi tienda www.wayunkerra.com, se encuentra alojada en un servidor de Estados Unidos. Como diseñadora gráfica que soy, aunque hace años no ejerzo la profesión, sé que para posicionar las búsquedas de los potenciales clientes online, hay que optimizar dichas búsquedas, lo que es conocido en el argot del e-commerce como Search Engine Optimization – SEO por sus siglas en Inglés. En las muchas conferencias y charlas que he dictado alrededor del mundo sobre la situación de derechos humanos de los pueblos indígenas en Colombia, me he dado cuenta, como lo he mencionado anteriormente, que la forma como se escriben algunas palabras depende de cómo sean escuchadas por los hablantes de un idioma particular. En el SEO de mi página de Internet, entonces, he colocado un sin límite de palabras para que la búsqueda sea productiva. Precisamente por utilizar esta estrategia de optimización de búsqueda efectiva, el día 2 de septiembre de 2013, después de haber recibido otros, me encuentro con el siguiente mensaje, que más que un mensaje, considero una intimidación o amenaza, que fue enviada a mi casilla de Facebook:


¨Estimada Karmen y Arne


Escribo con respecto a este enlace;http://www.wayunkerra.com/#!native-wayoo-bags/zoom/c9ts/image19zh Ahíi aparece el nombre de la organización “wayoo”. Wayoo es un nombre registrado y se relaciona exclusivamente con la actividad que estamos haciendo. Por razones éticas y de transparencia te pido cordialmente que elimines el nombre wayoo de tu pagina. No quisiera tener que activar a mi abogado.


Muchas gracias de antemano.


Cordialmente. Katherine Portmann¨

Algo así como si un colombiano registrara la marca ¨Gruller¨ y le mandara abogados a un suizo que vive en Colombia por importar, o comer o hacer y vender quesos tipo Gruyère, que si bien no son una creación artística, su fabricación sí, que es un arte cuya primera referencia histórica de producción data del siglo XII.

También recibí un mensaje que, traducido del inglés al español, dice lo siguiente:


¨Hola, Mi nombre es Yessie soy de Bélgica y tengo mi propia marca de moda. Estoy interesada en distribuir las Wayuu Bags en Bélgica y hacer mi propia colección. Puede usted dejarme saber si trabaja de esta manera, si es posible agregar mi propia marca. Puede aconsejarme en precios para distribuidores.


Atentamente,


Yessie ¨


Esta dueña de su propia marca de moda de la cual nunca conocí el nombre, me pidió incluso, que quería visitar mi “fábrica”, lo que simplemente evidencia el desconocimiento absoluto de la cultura y la forma en cómo se trabajan las mochilas.

Otra cuestión detrás de esta realidad, es que estas marcas pretenden apropiarse de procesos de empoderamiento de mujeres indígenas que nos han costado años de trabajo y los ¨venden¨ junto con los ¨productos¨, anunciando en sus estrategias de publicidad que ¨ayudan¨ a las mujeres wayuu a mejorar sus condiciones de vida, familiares y comunitarias, publicando las fotografías de nuestros procesos sin consultarnos, cuando la realidad es que compran las mochilas en la calle 1a o en el mercado de Riohacha para luego decir que las han comprado en Venezuela, porque como sabemos, el territorio ancestral del pueblo Wayuu se encuentra dividido por las fronteras de Colombia y Venezuela.

Me asaltan aún, más cuestionamientos y preguntas que no pueden ir dirigidas sino a este tipo de empresarios que desarrollan sus capitales sin consideración por quienes intervienen en el proceso de creación de valor. ¿Qué es lo que están haciendo para garantizar el bienestar y sobre todo el buen vivir de las y los artesanos y artistas indígenas? y particularmente, ¿qué están haciendo para enfrentar estos casos en los que se desconoce la autoría de las artesanías?. Desde mi punto de vista, éste tipo de situaciones, también son de su responsabilidad y competencia.

Ante estos contextos, es pertinente que se tomen medidas drásticas y estas tienen que ser, más que de tipo asistencialista, de tipo legal. La pregunta que sigue entonces viene siendo: ¿cuáles son las medidas que se deben aplicar? Para el caso de los sombreros ‘vueltiaos’ que son parte del patrimonio cultural del pueblo Zenú, Artesanías de Colombia aplicó sanciones de tipo económico a los importadores del sombrero ‘fake’ (falso) made in China. Dichas medidas funcionaron en Colombia, pero lo que no sabemos es si el sombrero falso se esté vendiendo en otros lugares del mundo, como tampoco sabemos si los chinos ya están planteando la producción en masa de las mochilas wayuu.

Para el caso de las mochilas wayuu, ¿cómo se puede controlar cuando una diseñadora tipo la Rittwagen de España, o la Anderson del Reino Unido o la comerciante Portman de Suiza, viajan de paseo por una o dos semanas a territorio Wayuu, bien sea de Colombia o Venezuela, se toman fotos con las mujeres wayuu para decir luego que trabajan por las mujeres indígenas, compran varias decenas de mochilas, las empacan en una maleta y las transportan como su equipaje personal, para luego hacerse famosas y ricas a costa del trabajo de las artistas wayuu?

En casos de registros de marcas que son creadas a partir de nombres indígenas y que luego prohíben su uso, pueblos indígenas como el Massai están tomando cartas en el asunto para poner límites legales, que les permitan sancionar casos como los de diseñadoras y diseñadores que lanzan colecciones sin reconocer que las y los verdaderos artistas son otros. Sin duda los Massai están marcando un precedente internacional importante en material legal que habrá que seguir con lupa y aplicar. En todo caso, también se pueden demarcar condiciones que impidan estos abusos, especialmente desde los medios de comunicación, difundiendo en el mundo cómo estos personajes utilizan piezas únicas realizadas por indígenas, pagando precios indignantes y vendiéndolos en cantidades de dinero astronómicas e insultantes.

Una mochila wayuu, elaborada en lo que en castellano se conoce como de doble hilo, que no es otra cosa que un hilo grueso de menor calidad que permite que una mochila esté terminada en menos de 5 días, vale entre 30.000 y 60.000 pesos colombianos (15 y 30 dólares estadounidenses); es decir, que la artista wayuu recibe entre 3 y 6 dólares diarios por su trabajo. Una mochila tejida con hilo fino, de alta calidad, en la que la artesana se demora 20 días para dar más de 3.000 anudadas de crochet, es vendida entre 80.000 y 120.000 pesos (40 y 60 dólares), lo que significa que la artesana recibe entre 2 y 3 dólares diarios por su trabajo. Entre tanto, diseñadoras como la Anderson, venden no solo una sino muchas mochila de las que empacan en las maletas de su viaje de turismo, hasta en 600 euros, tanto en tiendas físicas como virtuales (online).

Un tema extenso y complicado. Las medidas de control como la Denominación de Origen, pueda que funcionen efectivamente dentro del territorio colombiano, pero para proteger nuestros conocimientos tradicionales, así como otros aspectos relacionados al patrimonio cultural, intelectual e inmaterial del pueblo Wayuu e incluso de los pueblos indígenas en general, se deben aplicar instrumentos internacionales relacionados con la protección de estos derechos, incluyendo el derecho al consentimiento previo, libre e informado que nos asiste.

Es entonces también responsabilidad del Estado, y con esto no quiero decir que al respecto no se estén tomando medidas. Pero se debe hacer llegar la información a las comunidades sobre los instrumentos internacionales que contemplan estos derechos, de manera que converjan en un solo sentido, para poder mejorar lo que ya existe en el país. También es importante que se garantice la participación de hombres y mujeres indígenas en procesos de negociación internacional de los Estados donde se discuten estos temas, relacionados con nuestro conocimiento tradicional y patrimonio cultural, intelectual e inmaterial, para que podamos aportar desde nuestras experiencias y sabiduría a la obtención de soluciones que no resulten contraproducentes para las comunidades.

En escenarios como la OMPI –Organización Mundial de la Propiedad Intelectual-, los Estados discuten temas relacionados con los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas. Sin embargo, la participación de las comunidades ha sido limitada, siendo que es justo allí donde también debemos estar.

Las mujeres wayuu que continuamos soñando con la consolidación de este proceso, estamos convencidas de que para las mujeres indígenas en general, no sólo las wayuu, se podrá conseguir que principios como el de la remuneración digna por nuestro trabajo, sólo podrá cumplirse una vez que el mundo entero valore debidamente nuestras habilidades como artistas, artesanas y creativas capaces de innovar a partir de la armonización de nuestros conocimientos tradicionales, y aún más: cuando se nos respete y reconozca también como socias comerciales, sin intermediarios. No podemos olvidar que en el pueblo Wayuu –que es uno solo, sin importar la división que han impuesto Colombia y Venezuela para marcar sus fronteras- el comercio es una de las principales actividades económicas.

De hecho, otra estrategia que estamos intentando poner en práctica desde la Iniciativa Wayunkerra Internacional, es la de avanzar más en el manejo de medios electrónicos y nuevas tecnologías, para garantizar la presencia efectiva en redes sociales y plataformas e-commerce, que promuevan el contacto directo entre las artistas que elaboran sus mochilas con los consumidores finales. Al respecto hemos adelantado alianzas incluso con mujeres indígenas Na´Savi (Mixtecas) de México, interesadas en potenciar estas estrategias de empoderamiento económico.

Lamentablemente, este tipo de procesos organizativos requiere de mucho tiempo y dinero, sobre todo cuando tienen que ver con la concientización de nosotras como mujeres indígenas para re-valorar y re-valorizar nuestro trabajo. Este es el resultado del paternalismo estatal y de las multinacionales presentes en el territorio, que simplemente han regalado hilos pensando que con limosnas se puede solucionar una situación que ha sido estratégicamente pensada para promover el empobrecimiento y el desarraigo de las comunidades.

También debo mencionar que procesos como el nuestro no el único y que existen grupos de artesanas wayuu que son altamente exitosas en sus asociaciones.

No puedo decir tampoco que todo es funesto, porque hay procesos de buenas prácticas que son emblemáticos. Artesanas que se han dado a la tarea de reivindicar el trabajo no solo desde el valor ancestral, sino también desde el valor económico que debe ser reconocido por la sociedad consumidora. También ha habido estrategias trabajadas de la mano con diseñadoras y diseñadores de talla internacional, donde se han desarrollado innovaciones maravillosas y encantadoras, que enriquecen lo tradicional.

Conozco mujeres wayuu que trabajan incansablemente en la protección del conocimiento tradicional de nuestro pueblo, a través de la aplicación e implementación de la Denominación de Origen, iniciativa importante pero pensada para proteger el nombre de un ¨producto¨ y la imitación de creaciones artísticas como la mochila wayuu, o sea que no está pensada para evitar o al menos controlar su comercialización indiscriminada. Se supone además que la Denominación de Origen debería mejorar la calidad de los ¨productos¨. Sin embargo, al no ser la mochila wayuu un producto, ha terminado reducida a esto, cuando la demanda de la misma es tal que las artistas wayuu han terminado bajando la calidad de los hilos con que se tejen las mochilas tradicionales, para abastecer un mercado que no reconoce el valor característico en cada una de las creaciones.

Solamente se tiene conocimiento de pocas iniciativas lideradas por mujeres wayuu en redes sociales, blogs y páginas de Internet. Wayuu Taya, es una fundación manejada por Patricia Velázquez, wayuu de Venezuela y famosa actriz de Hollowood. Fundación Susu Wayuu, dirigida por la wayuu Arelis Pana Epieyu. Casa Juliru, una interesante y prometedora apuesta de la también famosa escritora wayuu Estercilia Simanca que vende no mochilas sino mantas y Wayunkerra International Initiative.

Paradójicamente, las mujeres wayuu que hemos creado nuevas marcas haciendo uso de nuestro conocimiento ancestral (así como las que hemos intentado innovar a partir de lo tradicional), somos subestimadas y cuestionadas, especialmente por nuestra propia gente, por estar supuestamente enriqueciéndonos a partir de nuestra cultura, mientras que a diseñadoras o comerciantes que llegan al territorio y regatean precios con las artesanas, además de abusar de la buena fe de algunas de ellas, se les idealiza y venera. Entre tanto, este tipo de negociantes crea espectaculares y folclóricas campañas de marketing que son alabadas y altamente publicitadas por los medios fashionistas.

Para desgracia nuestra, este hecho que no es el primero seguirá alimentando los patrones de trabajo en condiciones que exponen a las mujeres wayuu –que dedican sus vidas a la tejeduría, como ya lo dije- a nuevas formas de esclavitud bajo la ilusión de la ¨ayuda¨, término judeocristiano que hace que la gente compre a través de intermediarios pensando que salvan a la comunidad. Esto promueve el hecho de que siguen haciendo a las comunidades indígenas dependientes de una cadena de consumo que les impide llegar directamente a los consumidores finales.

El hecho de que diseñadoras o diseñadores se apropien de nuestros tradicionales kanaas, palabras y fonemas para nombrar sus marcas y vender lo que laman ¨sus¨ colecciones, es cuestionado más por gente de afuera que por nosotros mismos. Pero apropiarse de un legado colectivo, transmitido de generación en generación a través del pensamiento y la palabra, como en los casos que he mencionado, solo tiene un nombre: ¡robo! Y éste delito contra el patrimonio de los pueblos indígenas, debe ser penalizado.

* Karmen Ramírez Boscán, su nombre tradicional es Wayunkerra Epinayu. Indígena Wayuu del Clan Epinayu. Escritora. Activista de los derechos de las mujeres indígenas y de los pueblos indígenas. Epaya’a Miou (Consejera Mayor) – Delegada para Relaciones Internacionales de la Sütsüin Jiyeyu Wayuu – Fuerza de Mujeres Wayuu, organización de la cuál es fundadora. Editora para Centro y Sur América del www.indigenousportal.com y delwww.notiwayuu.blogspot.com En el año 2013 es homenajeada por el Fondo Global de Mujeres. Actualmente vive en Suiza donde dedica la mayor parte de su tiempo a hacer Wayunkerras de tela, ocupación que combina con su Iniciativa para Mujeres indígenas a fin de eliminar intermediarios para la venta de creaciones artísticas.

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