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18 de septiembre de 2017

LA ESFINGE PERDIDA DE GIZEH (ANTIGUO EGIPTO)


La Gran Esfinge, excavada a partir de un sólo bloque de roca, es un monumento único. Nunca ha existido nada igual antes, nada de similares dimensiones se ha construído después con la misma técnica. Sin embargo, en la antigua iconografía Egipcia, las esfinges aparecían siempre en pareja. ¿Es posible que existiera una segunda esfinge en Gizeh?

Cubierto por toneladas de piedra y arena todavía sigue oculto bajo el suelo de Gizeh uno de sus grandes secretos. Es la Segunda Esfinge que acompañó a la que todos conocemos hace más de 5.000 años y que acabó desapareciendo en circunstancias extrañas. Al menos esto es lo que piensa Bassam El Shammaa, un investigador alejandrino que lleva más de una década siguiendo la pista al león perdido de Gizeh. 

No le gusta que le llamen egiptólogo sino ponente sobre temas egiptológicos. Trabaja como guía en la prestigiosa agencia americana Seven Wonders Travel con sede en Chicago, a través de la cual ha organizado importantes congresos en Estados Unidos y Europa. Nacido en Alejandría, Bassam viene revolucionando desde 1989 el mundo de la egiptología académica con una teoría totalmente novedosa que ha madurado con el paso de los años. Según este investigador, a pocos metros al sur de donde se encuentra la Esfinge que todos conocemos, justo detrás del Templo del Valle de Kefrén, existió una Segunda Esfinge de la cual no se conserva prácticamente nada. 

Para llegar a tan desestabilizadora conclusión, a lo largo de sus años de trabajo ha conseguido innumerables pruebas en textos antiguos, datos arqueológicos e incluso una insólita fotografía desde un satélite tomada por la NASA que parece corroborar su hipótesis. 

La Esfinge nacida del caos 
Egipto está escrita por la mano del hombre pero está repleta de lagunas.” Y no le falta razón. Según demuestra en uno de sus libros “Herodoto que visitó Egipto hace más de 2.000 años, exactamente el mismo lapso de tiempo existente entre su visita al Valle del Nilo y la construcción de las pirámides, cometió al menos quince grandes errores.” No es extraño, pues, que la historia de esta civilización esté repleta de grandes lagunas difícilmente superables más de 5.000 años después de su aparición. A pesar de todo, Bassam intenta llegar a la verdad a través de los documentos y de las pruebas arqueológicas.
Uno de los pilares de la teoría de Bassam el Shammaa es la dualidad dentro de las creencias egipcias. “En Egipto el número 2 siempre ha sido el número de la armonía, de la perfección -nos explica Bassam. Frente a la corona blanca estaba la roja, frente al buitre se encontraba la cobra, frente al loto, el lirio. Además, el 2 era el número secreto de los arquitectos. Existe un papiro que relata el origen del cosmos según la tradición heliopolitana. En esta tradición el dios Atum se autocreó de la nada y engendró a dos hijos, el león Shu y la leona Tefnut. Los sacerdotes de Heliópolis nos han contado que cada uno de ellos descansaba en un lado del Universo: uno de ellos será el disco solar del amanecer, Shu, y el otro el de la puesta, Tefnut.” 

Cada vez parece más claro que estas creencias tuvieron su verdadero origen en una época prefaraónica de la que apenas se ha conservado nada y cuyos restos, por error, los egiptólogos ortodoxos datan miles de años después. Esta cultura prefaraónica sería la creadora de la imagen leonina de la Esfinge y que siglos después los faraones transformaron añadiéndole un rostro humano. Según Bassam “la idea del león Aker es de origen arcaico, egipcio pero no faraónico. Se trata de dos leones que transforman posteriormente su cabeza leonina en la del rey otorgando a éste un aspecto secreto de la divinidad. De acuerdo con la representación de Aker, los leones Shu y Tefnut protegen dos colinas, estando en el centro el disco solar. La pregunta que nos tenemos que hacer es ¿qué lugar en Egipto tiene estas características? La respuesta no es otra que la meseta de Gizeh.
Los antiguos egipcios lo conocían muy bien. Solamente existía un momento a lo largo del año en el que el Sol se ponía exactamente entre las dos pirámides de Kefrén y Keops: los solsticios. En este preciso instante el disco dibujaba en el espacio una representación gigante de la figura de las colinas y el horizonte de Aker.”

La destrucción de la mujer 
Si observamos con detenimiento las representaciones que han llegado hasta nosotros de la Esfinge de Gizeh también podemos extraer conclusiones sorprendentes que Bassam El Shammaa convierte en preguntas desestabilizadoras. “Solamente se venera al león masculino, Horemakhet, Horus en el Horizonte, y no al femenino. Esto es lo que descubrimos al analizar la Estela del Sueño de Tutmosis IV en la que curiosamente aparecen dos Esfinges, o la controvertida Estela del Inventario, conservada en el Museo de El Cairo. En esta última el texto da a entender que ya en el reinado de Keops la Esfinge existía en la meseta de Gizeh. ¿Por qué este olvido del león femenino, Tefnut?” 

Para Bassam la respuesta la encontramos en la mitología egipcia. “Conservamos varios textos religiosos que cuentan la destrucción de la Humanidad por parte de una leona. Tefnut además estaba vinculada a la humedad y los antiguos egipcios observaron de qué forma la humedad destruía los monumentos de Gizeh. ¿Cómo explicar que una divinidad engendrada por el propio Atum para proteger las pirámides, a la hora de la verdad las destruyera? Seguramente, al contrario de lo realizado con la Esfinge que todos conocemos, los antiguos no repararon nunca la segunda Esfinge. Abandonaron la escultura y consideraron el área como un lugar maldito. No deja de ser sintomático que allí no se construyera ninguna tumba ni pozo y que la calzada del Templo del Valle de Kefrén parta de la esquina noroeste en vez de salir del centro de la pared oeste, al igual que sucede con el resto de edificios similares en el antiguo Egipto. ¿Acaso quisieron los antiguos arquitectos egipcios evitar que la calzada procesional pasara por un lugar que consideraban nocivo y maligno? Literalmente dejaron morir a la segunda Esfinge.” 

Para Bassam El Shammaa la prueba documental definitiva se encuentra en los Textos de las Pirámides. Allí podemos leer en palabras del dios creador Atum “estuve con dos, ahora estoy con uno”. Algo terrible debió de suceder. 

Descubierta por el radar 
La teoría de la Segunda Esfinge no solamente cuenta con pruebas documentales basadas en el análisis de los textos y de las representaciones iconográficas de los antiguos egipcios. Bassam también ha aportado pruebas materiales obtenidas mediante los más modernos análisis fotográficos de la NASA. Gracias al estudio fotográfico SIR-C/X-SAR de la Agencia Aeroespacial norteamericana, se ha podido analizar la densidad de las capas geológicas que componen el suelo y los monumentos de la meseta de Gizeh. Pues bien, con esta fotografía pudo descubrirse que justo en la zona en donde Bassam ubica su segunda Esfinge, existió realmente una estructura que la NASA colorea de amarillo en su imagen.
Resultado de imagen para VISTA SATELITAL DE LAS PIRAMIDES DE EGIPTO


Esta señal nos explica Bassam se recibe normalmente en forma de pulsos de una longitud de onda determinada que van normalmente desde 1 centímetro hasta 1 metro, y que se corresponden a un rango de frecuencia de unos 300 MHz hasta los 30 GHz. Los ecos producidos se convierten en información digital que luego se proyecta sobre una imagen. Ésta se compone de numerosos puntos o elementos pictográficos, cada uno de los cuales representa un lugar concreto escaneado sobre el suelo por el radar. En el caso de mi hipótesis de trabajo se corresponden con los restos de la ‘Segunda Esfinge’.

Finalmente, podemos destacar otros estudios e historias antiguas ya que ciertamente, no hay representación de esfinge que no las muestre a pares, pero no solamente los egipcios mencionaron una segunda esfinge en Gizeh, sino que los griegos, romanos y musulmanes también lo hicieron. Se supone que fue destruída entre los años 1000-1200 dC, a causa de un desbordamiento del Nilo que la desproveyó de la capa exterior en piedra, dejándola en pésimo estado. En pocos años, la erosión y la utilización de su material para la construcción de casas en la zona la borrarían definitivamente del mapa.
Los escritores árabes que también mencionan una segunda esfinge son: Al-l’Drisi (1099-1166 dC), quien escribió sobre ella en el Kitab al-Mamalik wa al-Mansalik (una extensa enciclopedia geográfica) y Al-Kitab al-Jujari, una enciclopedia geográfica de Asia y África. El escritor contrasta el pésimo estado de deterioro de la segunda esfinge con respecto a la primera –la actual–. Ibn Battuta (1307-1377) no la menciona en sus Viajes por Asia y África, ya sea porque nunca existió, o simplemente porque por aquella época ya no quedaba ningún rastro de la misma. Musabbihi menciona una segunda esfinge al otro lado del Nilo, en un “estado ruinoso”, allá por el 1024 dC.

Los autores Graham Hancock y Robert Bauval también creen en la existencia de una segunda esfinge. En su libro El mensaje de la Esfinge, mantienen que la Esfinge que ha llegado a nuestros días fue construída para representar a Atum-Harmachis (Harmachis es griego y se refiere a Hor-em-Akhet, o Horus-en-el-Horizonte). Una estela del faraón Amenofis II (también llamado Amenhotep II) nombra la Gran Esfinge bajo las denominaciones Hor-em-Akhet y Horakhti. Los escritores puntualizaron que ambos nombres se traducen con frecuencia como “Horus-de-los-Dos-Horizontes“. Así, si Hor-em-Akhet es la Gran Esfinge, al oeste, ‘Horizonte de Gizeh’, entonces, sería normal que buscáramos a su gemelo Horakhti en el horizonte al este. 

Para acabar de complicar las conclusiones y a pesar de las investigaciones de estos autores, la Gran Esfinge no fue identificada como Hor-em-Akhet hasta siglos después de que se extinguiera el Imperio Antiguo. En el libro Riddles of the Sphinx, Paul Jordan escribe: Es posible que La Gran Esfinge hubiera tenido una compañera si sus constructores se hubieran empecinado en repetir el colosal ejercicio de excavar una nueva figura de un bloque único de piedra, por muy magna que la obra se presentara de nuevo. Las esfinges posteriores en Egipto eran a menudo instaladas en pares para guardar la entrada de los templos… Un eminente egiptólogo estuvo un tiempo buscando la segunda Gran Esfinge al otro lado del Nilo. Inspeccionó palmo a palmo el terreno desde la Gran Esfinge y en dirección opuesta a las pirámides, mirando cada roca, cada accidente del terreno. No halló ninguna evidencia y finalmente abandonó la búsqueda. 
Parece pues razonable creer que llegamos unos 1000 años tarde a descubrir este segundo coloso, que quizá nos hubiera ayudado a descubrir la verdadera identidad faraónica de su hermana más famosa.

Fuente: nachoares.com

1 comentario:

Unknown dijo...

Me pareció muy interesante tengo poco de leer información de los faraones y sus monumentos y Egipto me gusta mucho

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