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15 de octubre de 2016

Dios, sabes cual es su verdadero nombre


La Biblia revela muchos nombres diferentes de Dios. ¿Cuáles son y qué nos dicen sobre nuestro Creador? ¿Cómo nos ayudan a comprender su naturaleza?

“¿Cuál es el nombre de Dios?” Esta pregunta ha sido abordada a través de las edades.

Cuando Dios se apareció a Moisés para ordenarle que fuera ante Faraón, rey de Egipto, y pidiera la liberación del pueblo de Israel, ¿qué preguntó Moisés? “Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?” (Éxodo 3:13).

En esa ocasión, Dios le dio a Moisés uno de sus muchos nombres: “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” (Éxodo 3:14).

Dios dijo que su nombre era “YO SOY”.
¿Qué dice un nombre?

Bíblicamente, los nombres tienen un significado; describen cualidades o características de las personas o seres que los llevan. El nombre hebreo Jacob (Génesis 25:26, 27:36), por ejemplo, significa “sujetar el talón, suplantador, tramposo” (Gesenius’ Hebrew-Chaldee Lexicon to the Old Testament [Diccionario Hebreo-Caldeo del Antiguo Testamento de Gesenio]). Pero cuando Jacob luchó con Dios toda una noche y venció, Él cambió su nombre a Israel (Gesenio: “luchador, soldado de Dios”) (Génesis 32:28). Entonces, los nombres bíblicos revelan información importante acerca de una persona o ser.

Pero, ¿qué sucede con los nombres de Dios? ¿Qué nos revelan sobre Él? ¿Su naturaleza, carácter, atributos o actitudes? ¿Su esencia misma?

En la Biblia Dios se refiere a Sí mismo con muchos nombres diferentes y cada uno de ellos nos permite conocerlo un poco mejor. Con frecuencia, cuando uno de éstos es usado por primera vez en la Escrituras, se nos da información acerca de la característica o cualidad que Dios está revelando de Sí mismo a través de ese nombre. Un breve vistazo de los tres nombres de Dios más usados en la Biblia es bastante revelador.

Elohim
En Génesis 1:1 encontramos la primera palabra que ha sido traducida como “Dios” en la Biblia: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Aquí, “Dios” viene de la palabra hebrea Elohim. Ésta es la palabra hebrea que con más frecuencia se traduce como “Dios” en el Antiguo Testamento—cerca de 2.300 veces. Génesis 1:1 nos revela que Elohim es el Creador de los cielos y la tierra.


Pero eso no es todo. Elohim es una palabra en plural, el plural de Eloha, un sustantivo que se usa sólo 52 veces en las Escrituras en referencia al verdadero Dios (41 veces en el libro de Job, por lo que estudiar este libro puede ayudarnos a comprender el significado de este nombre de Dios). Pero el punto es que Elohim es una palabra plural, traducida como “dioses” más de 240 veces en la Biblia para hablar de dioses falsos. El hecho de que Elohim sea una palabra plural nos proporciona información vital acerca de la naturaleza de Dios; nos revela una característica fundamental de su divinidad: que existe más de un Ser divino. En Génesis 1:26 encontramos evidencia de la pluralidad de Elohim:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”.

En aquellas religiones en que se adora al Dios de Abraham existen varios conceptos que no concuerdan con las Escrituras, porque no comprenden adecuadamente la naturaleza de Dios, no entienden la naturaleza de Elohim.

El
Hay muchos otros nombres que Dios usa para referirse a Sí mismo en las Escrituras. La palabra El, por ejemplo, se utiliza en términos compuestos como El Shaddai, que se traduce como “Dios Todopoderoso” o el “Dios Omnipotente” (Génesis 17:1). El también se encuentra en otros nombres de personas en la Biblia—Samuel (que en hebreo significa “su nombre es El”), Eleazar (“Dios ha ayudado”) y Emanuel (“Dios con nosotros”), entre otros.

Señor
La palabra más utilizada para nombrar a Dios en el Antiguo Testamento se traduce como “Señor”. Aparece más de 6.500 veces y está formada por cuatro consonantes del alfabeto hebreo que han sido representadas en varias formas como YHVH, JHVH, IHVH, JHWH y YHWH. A estas cuatro consonantes se les ha dado el nombre de “Tetragramatón”.

Los judíos pensaban que la palabra hebrea YHWH era demasiado sagrada como para ser pronunciada. Y, como consecuencia, hoy en día nadie sabe cómo se pronuncia con exactitud. El idioma hebreo consta de 22 consonantes (que aparecen como subtítulos cada ocho versículos del Salmo 119, en la mayoría de las versiones de la Biblia) y de vocales que son representadas por puntos o pequeñas líneas alrededor de estas consonantes. En el tetragramatón (YHWH) los puntos que representaban las vocales de la palabra han sido omitidas.

Según el Online Bible Hebrew Lexicon [Diccionario Bíblico Hebreo Online], este nombre “no es pronunciado a menos que se le agreguen las vocales de la palabra adonay”. Por lo tanto, esta palabra no puede ser traducida con exactitud a ningún idioma, sea hebreo, español o cualquier otro. Las pronunciaciones usadas comúnmente, como Jehová o Yahvé, son sólo suposiciones.

Algunas personas llegan al extremo de usar sólo ciertas palabras para nombrar a Dios o creer que sólo puede ser nombrado en un lenguaje específico. Pero Dios nunca instruyó esto, pues tiene muchos nombres diferentes y ha llamado a personas que hablan muchos idiomas.

Durante su ministerio en la tierra, es muy probable que Jesús hablara tres idiomas distintos: hebreo, griego y arameo. Sin embargo, nunca dijo a sus discípulos que debían dirigirse a Dios con una palabra en un idioma específico. En el libro de Mateo, que fue preservado en griego, Jesús enseñó que debemos orar al Padre (Mateo 6:9). Por otro lado, cuando oró a Dios justo antes de morir, Él mismo exclamó “Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

Dios utiliza muchos nombres para referirse a Sí mismo porque desea revelarnos sus cualidades, características, atributos, actividades y rasgos a través de ellos. Los nombres de Dios nos enseñan sobre su naturaleza, la cual Él quiere que lleguemos a comprender. Al conocerlos, podemos conocerlo mejor a Él.

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