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12 de octubre de 2017

Las “Momias Blancas” del mundo precolombina ignorada por la historiografía ortodoxa.


Los siguientes párrafos fueron escritos por el antropólogo Jacques de Mahieu. Abordan la misteriosa existencia de las “momias blancas” del mundo precolombino, campo absolutamente prohibido e ignorado por la historiografía ortodoxa, pues sencillamente desestructura la visión dogmática de la América indígena y sus habitantes:

Si todavía hoy, después del proceso de mestización que inevitablemente ha producido un contacto multisecular, encontramos a “indios blancos” en Sudamérica, la lógica indica que se debería hallar también rastros de sus antepasados, más puros, en antiguas sepulturas. Desgraciadamente, mucho antes de que arqueólogos y antropólogos se dedicaran a hacer excavaciones con fines científicos, la inmensa mayoría de las tumbas precolombinas habían sido violadas por buscadores de tesoros, que no se preocupaban en absoluto por los restos humanos que en ellas descansaban. En las regiones colonizadas por los españoles y portugueses, a menudo no hay garantía de que tal o cual esqueleto de características arias no provenga, aun cuando se lo encuentre en un cementerio indígena, de algún blanco o mestizo posterior a la Conquista. De vez en cuando se descubre, sin embargo, en aéreas prácticamente inexploradas, restos humanos inconfundiblemente europoides que pertenecen a tribus “autóctonas”. Es esto lo que sucedió con unos esqueletos hallados, en 1959, por Marcel Homet en urnas funerarias de la Serra do Machado, en el Amazonas.

Cráneo de tipo ario nórdico encontrado en una runa funeraria arawak del Amazonas

En un caso, sin embargo, la situación se ha presentado muy diferente: El de cientos de momias descubiertas, a partir de fines del siglo pasado, en tumbas prehispánicas del Perú y, especialmente, las que se encontraron, en 1925, en cuevas de la península de Paracas, a 18 km de Pisco. Estas momias no son representativas de la población toda. Pues si algunas se conservaron naturalmente en razón del clima seco de la región o por haber sido enterradas en la arena, la mayor parte de ellas fueron embalsamadas y pertenecían, por lo tanto, a miembros de las familias dirigentes de la época.

Las momias en cuestión corresponden a dos tipos raciales bien diferenciados. Unas son innegablemente mongoloides: Baja estatura, cara achatada, cabeza braquicéfala y pelo negro azulado, y pertenecen a individuos semejantes a los indios que todavía pueblan la región. Las demás, por el contrario, son de alta estatura, cara alargada, cabeza dolicocéfala y pelo claro, con variaciones que van desde el castaño al rubio “paja”, pasando por todos los matices del rojo, sin descoloración artificial. Quien viera, sin indicaciones de procedencia, la momia reproducida en la siguiente imagen no vacilaría en atribuirla a una mujer aria de raza nórdica. No se trata de meras apariencias y los especialistas opinan del mismo modo. Algunos pensaron, en un primer momento, que las medidas de la cara y del cráneo podían provenir de una deformación artificial como la que efectivamente, los indios peruanos producían a menudo en los niños, y que el color del pelo podía ser la consecuencia de la acción del tiempo. Estas hipótesis tuvieron que ser desechadas.(…)

La presencia, en el Perú precolombino, de blancos de biotipo nórdico no puede, por consiguiente, ponerse en duda. El problema es saber a qué época pertenecen las momias que lo prueban. Como siempre cuando se trata de cronología prehispánica, las opiniones varían al respecto en cientos y miles de años (Jacques de Mahieu, El gran viaje del Dios-Sol. Páginas 63-65).

Momia de tipo ario nórdico, con trenzas rubias de pelo natural, descubierta en Paracas, Perú

De Mahieu ha atribuido el origen de estas “momias blancas” a las irrupciones de grupos nórdicos en el continente americano, con mucha antelación al arribo de los peninsulares a partir del siglo XV. Su conclusión se basaba en el marco contextual que él creyó vislumbrar: La presencia de características “europoides”, es decir, de “indios blancos” en América, necesariamente debería atribuirse a poblaciones de origen europeo. 

Sin embargo, tal como lo prueba la evidencia arqueológica, el tronco primigenio americano -los paleoamericanos- el cual ha sido precisamente caracterizado como dolicocéfalo, fue el grupo aborigen que habitó el continente, con anterioridad a la irrupción de los grupos provenientes desde distintos puntos de Asia, que posteriormente serán conocidos como indígenas.

La superposición y coexistencia de estos dos grupos, permite explicar las dos variantes de tipos craneales descubiertos en la península de Pisco.

El origen de este grupo blanco precolombino se puede rastrear en las propias tradiciones míticas como a su vez en las numerosas crónicas y fuentes etnohistóricas de la época del “Descubrimiento”, Conquista y Colonia. Pues ellos fueron los descendientes de los Viracochas, los venerados Dioses Blancos de la América Aborigen.

La Dama de la Máscara, momia wari de ojos azules, descubierta en 2008 en la Huaca Pucllana en Lima, Perú, que comprueba la existencia en tiempos precolombinos de población blanca americana.

Rafael Videla Eissmann

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