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25 de marzo de 2018

DE GUYANA PAL CALLAO; LA HISTORIA DETRAS DE LAS CUATRO MONEDAS QUE TE HARAN LLORAR



Una historia verdadera como para una pelicula venezolana directo al "OSCAR"

Venezuela le debe un gran homenaje a Pat O’Brien, el negrito maracucho, de padre guyanés y madre nacida en Barbados. Y también, un homenaje a las Cuatro Monedas quienes hacen sus vidas en los Estados Unidos de América. Por cierto, Kenny O'Brien, es arreglista y productor musical de grandes estrellas. Ha ganado cinco premios Grammy. 

Hubo un grupo musical en Venezuela cuyo estilo revolucionó la música popular. Quizás la generación actual no los conoce. Esta es la historia de la historia de "Las cuatro monedas". 

1915 - Georgetown, capital de la Guyana Británica. 

Joseph O’Brien es un joven de unos 25 años, aventurero y ávido de hacer fortuna. Pero el polvoriento y caluroso Georgetown es poco lo que le ofrece. Podría enrolarse en un barco británico pero ya sabía lo que el destino le deparaba si lo hacía: Su vida se consumiría entre viajes y más viajes por las islas del Caribe y quizás hasta moriría producto de la disentería, la tuberculosis o la gastroenteritis, enfermedades que hacían estragos en toda la cuenca del Mar Caribe. 

Pero por los momentos no tenía más remedio. Se embarcó con un capitán trinitario en un destartalado barco que se encargaba de transportar bananos entre Georgetown y La Florida. 

Fue en una parada que hicieron en Barbados donde Joseph conoció a Susan. Ella trabajaba en el puerto, atendiendo una posada. El flechazo fue instantáneo. Joseph le pidió que se fuera con él a Guyana y ella accedió. Desde hacía tiempo quería abandonar esa isla de marineros de poca monta, sembradíos de caña y maltratos de los blancos. 

“Al menos tendré un hombre que me represente” -pensó. 

Joseph no volvió a montarse en el barco del capitán trinitario y se quedó en Barbados. Esa misma noche hizo el amor con Susan en la parte trasera de la posada, en un cuartucho donde guardaban el grano. Se sorprendió que Susan fuera virgen y ella, en medio del acto notó su sopresa: 

_ ¿No lo esperabas verdad?, le dijo. 

Él apenas dejó salir un “no”. Nunca había estado con una virgen y en su amor propio masculino se sentía inmenso al saber que era el primer hombre de esa mujer. 

Se fueron a Georgetown. Allí Joseph recibió otra sorpresa: Susan también tenía la semilla de la aventura, no era mujer de estar en un solo sitio. 

Quería viajar y hacer fortuna. 

Entonces se fueron hacia El Callao, un pueblo de Venezuela donde había mucho oro y al que ya se habían ido amigos y algunos primos de Joseph. 

_ Haremos nuestra vida en El Callao, Susan – le dijo Joseph. 

Con sus pocos ahorros tomaron un bote que los introdujo por las bocas del Orinoco y los desembarcó a unos diez kilómetros de Ciudad Bolívar. 

No tenían miedo de que los descubrieran. Por esos años, la Guayana venezolana era prácticamente territorio de nadie. Caudillos locales hacían de las suyas, cada uno con sus parcelas. Mientras que ellos no se cruzaran o entorpecieran las actividades de esos caudillos, contrabandistas, buscadores de oro… no habría problemas. 

Se internaron hacia el sur y llegaron a El Callao. Un pueblito fundado unos 60 años atrás por gente que vino de Trinidad y de otras islas del Caribe atraídos por la fiebre del oro. Y el oro que allí se conseguía era como un regalo de los dioses: Metías una cesta en el río y al menos una pepita conseguías. 

Pero ya las vetas al aire libre estaban casi agotadas. Sin embargo Susan y Joseph armaron su rancho y se dispusieron a salir de la pobreza. Todos los días buscaban oro y encontraban una que otra pepita que luego se la vendían a un venezolano mal encarado que llegaba una vez cada tres meses, con bolívares. Él se llevaba ese oro, les pagaba a los habitantes del Callao y todos felices. Así el pueblo prosperó. 

En El Callao Susan y Joseph se sentían bien. Era un pueblo donde se hablaba inglés. La gente era muy alegre y nadie se metía con nadie. 

Pero un día llegaron noticias al pueblo. En Maracaibo, una ciudad lejana, habían descubierto petróleo. Aunque muchos dijeron: “¿ Y qué? ¿Qué puede valer más que el oro?”. 

Nadie hizo caso a la noticia. Pero cuando regresó el señor de Caracas, y les dijo que él no vendría más, que se iría a Maracaibo. 

_ The oil is the future –les dijo en un mal inglés. 

Fue Susan la que convenció a Joseph de irse a Maracaibo. No le llamaba tanto la atención eso del petróleo sino sus ganas de aventura. Sabían que el viaje tendrían que hacerlo por el Orinoco, hacia el oeste, luego atravesar los llanos de Apure, de Barinas y Portuguesa para después atravesar ese inmenso lago que en el mapa parecía una gota de agua. 

- Además, Joseph, I'm pregnant -dijo Susan remarcando las sílabas de "pregnant". 

Joseph abrió sus ojos como dos platos. 

_ Pero… pero… 

_ Oh my boy… yes. Tendrás un hijo. 

Y Joseph no quería que su hijo naciera en medio de esa selva, oliendo mercurio y castigado por los mosquitos. 

Hicieron el viaje. Llegaron a Maracaibo y se asentaron en un pequeño caserío, lleno de ranchos, de aventureros como ellos. Atraídos por el petróleo. Había muchos trinitarios y era común ver a gringos de aquí para allá. Todos siempre sonrientes. 

_ Si estos gringos andan risueños es porque aquí hay dinero. Sólo el dinero los pone así. 

Aunque Maracaibo era calurosa la encontraron más limpia y la gente era muy atenta. 

Una tarde, mientras se bañaban en el lago (Susan ya con su vientre abultado por el embarazo) sintieron que allí se quedarían para siempre. La sensación de felicidad que tenían los llevó a hacer el amor, desnudos, dentro del agua. 

Un bote con tres pescadores maracuchos pasó cerca y los vieron: 

_ No se la metais toda, negro… vais a joder al carajito – le gritaron. 

Y siguieron en su bote, entre risas. 

Joseph y Susan no hicieron caso. En las aguas del Lago de Maracaibo, eran ellos dos solamente. El mundo no existía. 

Debajo de ellos, en las profundidades yacía un mar de petróleo. 

En marzo de 1922 nació el único hijo que tendrían. Lo llamaron Eucario. 

Y Eucario O’Brien haría historia en Venezuela. 

Joseph y Susan progresaron y Eucario creció sano y fuerte. En diciembre de ese año vieron, a lo lejos, la inmensa columna de petróleo producida por el reventón del pozo Barroso 2. Varios días duró el pozo botando petróleo. 

Unos años después se mudaron a la propia ciudad de Maracaibo. Eucario demostró que le gustaba la música y su padre lo puso a estudiar piano. A los trece años ya tocaba en una emisora radial y poco después se apasiona por el jazz. 

A los diecinueve años, ya convertido en un gran pianista, Eucario se viene a Caracas. Deja en Maracaibo a sus dos ancianos padres: Joseph y Susan que aunque se sintieron tristes por la partida de su hijo, sabían, primero, que su afán de aventura lo habían heredado de ellos y, segundo, que esa es la ley de la vida. Eucario tenía que buscar su propio camino. Ya ellos habían hecho su parte. 

Eucario comenzó a tocar en algunos clubes caraqueños y en uno de esos lo vio un músico que tocaba para la Billos Caracas Boys. Lo contrataron y fue entonces cuando se cambió el nombre por el de Pat O’Brien. 

Pat se casa y engendra cuatro hijos: Marlene (1948), Gary (1949), Kenny (1950) y Brenda (1952). 

En 1960 murió su padre Joseph y fue enterrado en Maracaibo. Un año después murió Susan. Joseph y Susan tuvieron la dicha de conocer a sus cuatro nietos y fue Joseph, en su lecho de enfermo quien al bendecirlos les dijo: 

_ Que lindos mis nietos. ¿Saben? Cuando salí de Georgetown a Barbados sólo llevaba cuatro monedas de oro… Pero estas cuatro monedas valen mucho más. 

Pat O’ Brien, pocos años después, con cuatro hijos, todos músicos y con buena voz, decide entonces crear la agrupación “Las Cuatro monedas”. Grupo que aunque en nuestro país son poco recordados, hizo historia en el mundo de la música. Las fusiones que hicieron, su estilo, fue único en el mundo. 

Las cuatro monedas y un quinto hijo que tuvo: Gregory O’Brien, se disolvieron y cada quien hizo sus vidas. Viven en los Estados Unidos. Gregory, el más pequeño, murió por sobredosis de drogas en 1991. 

Pat O'Brien el único hijo de Susan y Joseph, murió en 2001 en un ancianato en Caracas. 

Pat, fue recluido en un ancianato en Caricuao, Caracas. Allí le llevaron su piano y aunque sufría de artritis no dejaba de tocar. Hasta se volvió a casar allí, con una compañera del geriático. Luego enfermó y se lo llevaron al Hospital Clínico Universitario. Allá, según cuenta su amigo Jesús Rafael Pérez, pidió que le llevaran su piano. Y una tarde que él lo visitó, Pat le dijo: 

_ ¿Cuándo me llevas a pasear? 
_ Un día de estos… Mañana nos vemos. Cuídate. 

Pat murió esa noche. Era el 13 de enero de 2001. Tenía 79 años de edad. 

Los restos de Joseph y Susan yacen en Maracaibo, en tumbas olvidadas. Los que ven la lápida no se imaginan quién fueron ellos dos. 

Pero el gran amor que se tuvieron se materializó en el gusto artístico de su hijo y de sus nietos. Venezuela le debe un gran homenaje a Pat O’Brien, el negrito maracucho, de padre guyanés y madre nacida en Barbados. Y también, un homenaje a las Cuatro Monedas quienes hacen sus vidas en los Estados Unidos de América. Por cierto, Kenny O'Brien, es arreglista y productor musical de grandes estrellas. Ha ganado cinco premios Grammy.


"Las cuatro monedas". Cuatro de los cinco nietos caraqueños que tuvieron Joseph y Susan. Jamás imaginó Joseph O'Brien que sus hijos marcarían un hito en la historia de la música popular en Venezuela. 









Nota: 
Algunos aspectos mencionados en esta historia son producto de la imaginación del autor. 

http://saberyconocermas.blogspot.com/

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