«Recogida en meditación, tiene una expresión de tranquilidad que se revela en la mirada absorta en sus manos, abiertas, vacías, como para indicar que su raza, la primigenia, está todavía en confiada espera... y expande a su alrededor una consciente serenidad».
Aldo Macor, acerca de «India Guri».
Me mezo en el chinchorro de moriche que traje del Delta Amacuro. Y de lejos, a treinta metros veo la estatua de la India Gurí, esa estatua de bronce, pieza única, tamaño natural que hice hace años de una India Warao y que me traje acá, conmigo, y coloque en el jardín del residencial. Me trae recuerdos muy dulces porque también me ayudó, posando, mi hijita Leila, adolescente. Es una indiecita sentada pensativa en una roca, con las manos y dedos abiertos, de donde le escurre el agua del Rio Caroní. Y se le escurre entre los dedos, como se le escurrió su cultura y como se escurre mi vida.
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