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16 de junio de 2019

EL GENOCIDIO CONTINUA, 500 AÑOS NO FUERON SUFICIENTE


Es cuestión de tiempo y de manera manifiesta o encubierta, que en la historia de nuestra America, muchos Heroes Libertadores y Herederos de la Independencia de America parecen estar “empeñados” en concluir con el “genocidio indígena” que comenzaron los primeros conquistadores europeos hace mas de 500 años atrás.



Desdichadamente parece que los gobiernos americanos tampoco escuchan éstas palabras ni son capaces de implementar políticas que defiendan a los descendientes de los nativos de la región. También debe ser mencionado que son muchos los cristianos americanos que despreciaron y desvalorizaron a los indígenas ya que los trataron como seres de “segunda” que, parafraseando a Eduardo Galeano, no hablan idiomas sino dialectos, no hacen arte sino artesanía y no practican cultura sino folklore.

A fines del siglo XV, según lo planteó el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro, en el momento en que los conquistadores europeos arribaron a América existían en el continente aproximadamente setenta millones de aborígenes. Un siglo y medio después, de acuerdo a la misma fuente, solo había unos tres millones y medio de indígenas, es decir de hombres y mujeres que, después de haberse consumado la conquista de América, quedaron en la indigencia ya que no pudieron usar y gozar las tierras comunitarias que ellos habían ocupado durante siglos. Esta “pronunciada disminución” de la población nativa de América llevó a muchos a plantear que en el continente se produjo un verdadero “genocidio indígena” ya que los conquistadores europeos implementaron una serie de prácticas que, trágicamente, tuvieron como consecuencia el casi completo exterminio de la población que por entonces habitaba el continente, tanto por las condiciones infrahumanas en las que ésta fue tratada como por el suicidio en masa que existió en muchas comunidades nativas cuando vislumbraban que la miseria y esclavitud eran su destino. Entre estas prácticas pueden mencionarse el sometimiento cultural y físico de los nativos de la región; la esclavización de aborígenes para hacerlos extraer las riquezas del continente para beneficio foráneo; y la expropiación de las tierras que se encontraban en poder de los habitantes de la región quienes tomaban al territorio en el que vivían como un “legado” de la divinidad que sólo podía transferirse por herencia y no como una mercancía para ser comprada y vendida. 



EL GENOCIDIO CONTINUA (HECHOS)

“Desastre humanitario indígena” en la República Argentina 

En la República Argentina existen unas treinta comunidades indígenas que en total están compuestas por aproximadamente una población de 600.000 hombres y mujeres. Ahora bien en la mencionada nación, como en tantos otros países de la región, los indígenas se encuentran inmersos en un profundo “desastre humanitario” ya que la mayoría de ellos viven en una situación de extrema pobreza, precariedad, desnutrición, y sin tener posibilidad alguna de acceder a los sistemas sanitarios, educativos y comunitarios de la región.

Muchos historiadores afirman que dicho desastre es consecuencia de la famosa Campaña del Desierto.

¿Qué es la Campaña del Desierto?

La Campaña de Rosas al Desierto fue una expedición militar que el exgobernador Juan Manuel de Rosas realizó en 1833 y principios de 1834, durante el gobierno de Juan Ramón Balcarce en la provincia de Buenos Aires, Argentina, contra los indígenas pampas, los ranqueles, los tehuelches y los araucanos ubicados en la Pampa ... Un genocidio contra la etnia argentina.

LA MATANZA DE LA PATAGONIA

Después de varios años de investigación en La Patagonia chilena y argentina, el historiador español José Luis Alonso Marchante publicó el libro "Menéndez. Rey de la Patagonia", el texto definitivo –según expertos en el tema– sobre la verdad de la extinción de los selk'nam en la Tierra del Fuego, que en rigor se trató de un exterminio ordenado por José Menéndez, el gran latifundista del sur de Chile, sobre cuya familia existen sendos museos en Punta Arenas, y a quien se le atribuye el desarrollo económico de la región.




LOS CHARRUAS SURGEN DE SUS CENIZAS

Tras casi dos siglos confinados en un imaginario popular delimitado por los relatos de sus colonizadores, los charrúas reaparecen para saldar cuentas pendientes. La etnia que sobrevivió a más de 300 años de colonización y a una masacre planificada se pone de pie para interpelar a un Estado cuyos cimientos reposan sobre sus ancestros. El movimiento aglutina a cerca de dos mil personas en todo el país que se identifican como charrúas. Además, los últimos estudios genéticos realizados desafían la creencia popular de que Uruguay fue exclusivamente poblado por los “descendientes de los barcos”, principalmente provenientes de España e Italia. 

En Uruguay, charrúa se conjuga en pasado. Según la historia oficial, los indígenas se acabaron en 1831. Aquellos valientes sujetos de ojos pequeños, pómulos pronunciados y cabello negro, hasta hace poco solo permanecían vigentes en algunas expresiones populares de la cultura rioplatense como la “garra charrúa”, tan usada en el ámbito deportivo para referirse a aquellos que no se dan por vencidos y luchan hasta el último aliento. Quizás esta característica es el combustible que alimenta este resurgimiento, constituyendo un proceso de etnogénesis. 

El término fue acuñado por Miguel Alberto Bartolomé, antropólogo, profesor e investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México. Se refiere al proceso de reconfiguración y resurgimiento de distintas etnias motivado por factores externos. En el caso de los charrúas, la violenta construcción del Estado Oriental los llevó a mimetizarse y renunciar a su identidad para pasar desapercibidos y evitar así ser discriminados. La variación de las condiciones externas, el reconocimiento internacional de las comunidades indígenas y el orgullo de pertenencia, ha hecho que estos pueblos reaparezcan, decididos a desenterrar su historia.



Masacre de Kuruyuki, símbolo de la memoria del pueblo guaraní en Bolivia

El 28 de enero de 1892 fueron masacrados miles de indígenas por parte de militares, estancieros y terratenientes, un emplazamiento que se ha convertido en un símbolo para recordar las penurias de los habitantes ancestrales de esta tierra. Desde principios de los años 90 guaraníes de Bolivia, Argentina, Brasil y Paraguay se reúnen para recordar la lucha encabezada por Apiguaiqui Tumpa en contra de los terratenientes para defender su pueblo y su tierra.

En esta fecha significativa se recuerdan los años de masacre de mujeres y niños, la pérdida de sus tierras, la humillación que sufrieron, además de la discriminación. El trágico episodio es recordado cada año desde entonces con el apoyo de la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG). El enfrentamiento se dio entre las tropas del general Ramón Gonzales, prefecto de Santa Cruz, y los chiriguanos que estaban liderados por el joven Tumpa que buscaba la liberación de su pueblo.

Los sobrevivientes de esta contienda fueron entregados a los patrones karai (blancos) y otro grupo de indígenas enviados a trabajar a la Amazonía boliviana en el departamento de Beni.




PERU MASACRADO POR EL LIBERTADOR SIMON BOLIVAR

El historiador, economista y escritor, autor de “Bolívar, libertador y enemigo Nº 1 del Perú”, dijo a la AFP que tras varios años de investigación de la presencia de Bolívar en Perú descubrió que “hizo mucho daño al país”. “Lo sacrificó, expolió y lo cercenó en más de 1,1 millón de km2 de Guayaquil y el Alto Perú, y pretendió apoderarse de Jaén y Maynas, dos provincias peruanas, e hizo los preparativos para regalar a Bolivia la costa sur del Perú a partir de Arica”.


Morote, que estudió las cartas del libertador venezolano (1783-1830), devela aspectos pocos difundidos del prócer “cuando la naciente República del Perú sufrió una brutal represión y la desmembración de su enorme territorio como no le ocurrió a ningún país en América”.

En SU el libro, el autor sostiene que en una carta que Bolívar escribió en Ecuador dice: “Los indios son todos truchimanes, todos ladrones, todos embusteros, todos falsos, sin ningún principio moral que los guíe”.

Finalmente, habiendo transcurrido más de quinientos años desde el momento en el que los conquistadores europeos desembarcaron en América puede decirse que, desdichadamente, poco ha cambiado la situación de los indígenas desde aquél entonces hasta nuestros días. Así por ejemplo, hoy como ayer, los descendientes de los aborígenes de la región son forzados a trasladarse a las zonas mas pobres, áridas y desérticas del continente, o por el contrario, reciben por parte de los Estados “permisos de ocupación” para que puedan vivir en las tierras que, habiéndoles pertenecido a sus antepasados, fueron ilegítimamente usurpadas por los “hombres blancos”. 

Ahora bien, hasta el momento en que los gobiernos americanos no confisquen los territorios que fueron ilegalmente tomados por particulares hace siglos y se los entreguen a los indígenas, éstos últimos quedarán sumergidos en una situación de incertidumbre jurídica ya que, sin que el Estado les otorgue los títulos definitivos de propiedad, y bajo los parámetros de la ley occidental, los descendientes de los nativos de la región nunca serán reconocidos como legítimos dueños de la tierra en la que habitan.

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